lunes, 24 de agosto de 2015

El ejército ruso comienza a implicarse contra el terrorismo en Siria

Aviones de combate ruso tipo MiG-31.


Un cambio muy profundo y significativo acaba de producirse en el Levante: el ejército ruso está comenzando a implicarse en contra del terrorismo en Siria. Avanzando con prudencia, después de haber estado ausentes de la escena internacional desde la disolución de la Unión Soviética, las fuerzas armadas de la Federación Rusa acaban de crear una comisión ruso-siria, de entregar armamento y datos de inteligencia y de enviar algunos consejeros, todo esto de manera más o menos coordinada con la Casa Blanca.


Originario de Tartaristán, el general Valeri Guerassimov, jefe del estado mayor de las fuerzas armadas de la Federación Rusa y viceministro de Defensa, es un conocedor del islam. Además de haber participado en la represión de crímenes cometidos por militares rusos en Chechenia, combatió victoriosamente a los yihadistas del Emirato Islámico de Itchkeria.

Después de haber negociado con Arabia Saudita, Siria y Turquía, el establecimiento de una alianza regional contra el Emirato Islámico, Rusia se ve ahora obligada a cambiar de estrategia ante el brusco viraje turco. Ankara decidió finalmente romper con Moscú, anulando sin motivos reales el contrato sobre el gasoducto Turkish Stream y creando con Ucrania una brigada islámica internacional destinada a desestabilizar Crimea [1], que además servirá al Emirato Islámico como refuerzo contra los kurdos del PKK y de las YPG.

De la misma manera, la Casa Blanca también se ha visto obligada a cambiar de estrategia después de las intrigas del general John Allen, quien se había comprometido con el presidente turco Recep Tayyip Erdogan a crear una «zona de seguridad» para el Emirato Islámico en el norte de Siria [2].

En definitiva, Moscú y Washington han coordinado 
la retirada de los misiles Patriot desplegados en Turquía y 
la creación de una comisión militar ruso-siria.
El fin de la zona de exclusión aérea

Los misiles Patriot, instalados por la OTAN en Turquía a partir de enero de 2013, impedían que la fuerza aérea de la Republica Árabe Siria pudiera desplegarse en la frontera turco-siria. Eso permitió a los yihadistas del Frente al-Nusra (al-Qaeda en Siria) apoderarse del norte del país. A partir del verano de 2014, esa zona vedada a la aviación siria fue ocupada por el Emirato Islámico.

Debido a esa situación, la fuerza aérea de la República Árabe Siria no pudo bombardear al Emirato Islámico durante la batalla de Kobane y el Ejército Árabe Sirio se vio obligado a tratar de avanzar con sus fuerzas terrestres para acudir en defensa de la ciudad sitiada por los yihadistas. Como las tropas sirias no lograban franquear los últimos 30 kilómetros para alcanzar Kobane, la prensa atlantista presentó a los kurdos de las YPG (Unidades de Defensa del Pueblo) como fuerzas no vinculadas a Damasco que defendían la ciudad, cuando en realidad la República Árabe Siria había proporcionado a esos combatientes kurdos el armamento que utilizan e incluso les garantiza una paga.

Los misiles Patriot, inicialmente desplegados en Turquía por Alemania y Holanda, ahora son de Alemania y España. Según se ha anunciado, esos medios pasarán un proceso de revisión técnica y modernización antes de ser redesplegados en Lituania, en la frontera con Rusia.
La entrada del ejército ruso en el conflicto de Siria

Rusia, que desde el inicio del conflicto se había mantenido al margen de las operaciones militares, acaba de crear una comisión militar ruso-siria. Sin embargo, la OTAN organizó anteriormente todo el conjunto de acontecimientos de la llamada «primavera árabe», como la guerra contra Siria, y coordinó las acciones de los grupos yihadistas extranjeros con sus colaboradores libios y sirios –los llamados «rebeldes»– desde la base turca de Esmirna (Izmir) [3], convertida desde entonces en sede del LandCom (el mando de las fuerzas terrestres de los 28 Estados miembros de la OTAN).

Ahora, en el espacio de unas pocas semanas, numerosos consejeros militares rusos han llegado a Damasco.

Mientras tanto, 6 MiG-31, aviones considerados como los mejores interceptores del mundo, acaban de ser entregados a la República Árabe Siria. Se concretiza así una compra que databa de 2007 pero que estuvo bloqueada hasta ahora. La entrega de estos aviones no viola el embargo sobre las entregas de armas ya que los MiG-31 no entran en la categoría de equipamiento que puede ser utilizado en operaciones para mantener el orden. Por tratarse de aviones interceptores, los MiG-31 sólo son útiles como medio de garantizar la defensa del territorio nacional –en este caso ante posibles incursiones de Israel o de Turquía, dos países que con diversos pretextos han intervenido repetidamente en territorio sirio para respaldar a los yihadistas, cuando estos últimos se han visto en dificultades.

Por ejemplo, el 30 de enero de 2013, aviones israelíes bombardeaban en Siria el Centro de Investigaciones Militares de Jemraya, afirmando que se trataba de una operación para destruir armamento destinado al Hezbollah. En realidad se trataba de destruir un dispositivo de la OTAN para la transmisión de datos satelitales, que había caído en manos del Ejército Árabe Sirio, para evitar que los sirios descubrieran el sistema de cifrado utilizado [4]. La fuerza aérea de Israel realizó la operación en coordinación con el llamado Ejército «Sirio Libre», que a su vez estaba dirigido por oficiales de la Legión Extranjera de Francia, bajo la supervisión del LandCom de la OTAN.

Simultáneamente, el ejército ruso acaba de entregar a Siria –por primera vez– imágenes provenientes de sus satélites. Esta decisión, esperada desde hace 5 años, modifica considerablemente la situación en el plano militar. Hasta ahora, los yihadistas escapaban a menudo al avance del Ejército Árabe Sirio porque disponían de las imágenes satelitales que la OTAN les entregaba en tiempo real. Al parecer, hace 6 meses que la OTAN no está entregando ese tipo de información al Emirato Islámico sino únicamente al Frente al-Nusra (al-Qaeda).

Para terminar, los consejeros militares rusos están reuniendo gran cantidad de datos que deben permitirles estudiar la posibilidad de un despliegue internacional bajo los auspicios de la ONU. Estos consejeros presentarían un informe al Kremlin, que estudiará tanto la posibilidad de emprender una operación rusa como la de una operación conjunta de la Organización del Tratado de Seguridad Colectiva (OTSC), que se reunirá el 15 de septiembre en Duchanbé, capital de Tayikistán.

Un posible despliegue de fuerzas de la OTSC en Siria ya se planteaba, en junio de 2012, durante la preparación de la «Conferencia Ginebra 1» [5]. La OTSC incluye 3 Estados con población musulmana –Kazajstán, Kirguistán y Tayikistán– que resultarían por ello más aptos que Rusia para luchar contra terroristas que se presentan como seguidores del islam. Pero en el momento de la Conferencia Ginebra 1 no existía entre la ONU y la OTSC un acuerdo que permitiera la participación de esa alianza militar en las operaciones de paz de las Naciones Unidas. Un acuerdo de ese tipo fue firmado el 28 de septiembre de 2012 y podría aplicarse tanto en Afganistán como en Siria [6].
Los límites de la cooperación entre el Kremlin y la Casa Blanca

Pero no hay que olvidar que la cooperación entre el Kremlin y la Casa Blanca tiene sus límites: Rusia quiere acabar con los yihadistas antes de que se vuelvan contra ella mientras que Estados Unidos esperar utilizar a algunos en otros conflictos, como ya lo hizo antes en Afganistán, en Bosnia-Herzegovina, en Chechenia y en Kosovo.

Y ya en este momento, elementos del Emirato Islámico han llegado a la región de Kherson, en Ucrania, donde ya se encuentra un llamado «gobierno de Crimea en el exilio».

Es evidente que, del lado estadounidense, la retirada de los misiles Patriot es una trampa. A Washington le gustaría que Rusia redujera la cantidad de yihadistas, pero también le encantaría verla empantanarse en Siria. Es por eso que el oso ruso avanza con mucha prudencia.
http://www.voltairenet.org/article188508.html

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