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martes, 19 de julio de 2016

Un intento de golpe con “tufo” anti-ruso


- 17 Julio, 2016 
- EnOpinión


En artículos anteriores he planteado que para pensar el mundo hoy es necesario salirse de las líneas de pensamiento tradicional en lo que a fenómenos geopolíticos e ideológicos contemporáneos se trata. Los hechos y la realidad misma desborda las categorías tradicionales de análisis y lo que se ve es solamente una sombra (haciendo alusión al mito de la caverna de Platón) producto de un entramado de situaciones, intereses y poderes que tienden a confundir más que a aclarar y comprender lo que sucede de verdad.

Todo esto obliga a replantearse constantemente los escenarios de los diversos y/o posibles conflictos geopolíticos dependiendo de los cambios repentinos que en cuestión de horas se presentan de forma simultánea en diferentes partes del orbe. Ante esto, lo que corresponde es recopilar información e intentar realizar una aproximación a los acontecimientos, que mucho antes de ser un criterio último sobre lo sucedido, es un punto de vista que pretende trazar algunas líneas que puedan ser de utilidad para el análisis geopolítico contemporáneo. En este caso me refiero al intento fallido de golpe de Estado militar que se llevó a cabo en Turquía el viernes anterior. Para acercarnos a estos hechos, debemos situarnos alrededor de 7 meses atrás, momento en que el ejército turco derriba en territorio sirio un avión de combate ruso que se encontraba operando contra las posiciones de los terroristas cerca de la frontera con Turquía.

No podemos olvidar tampoco, que la posición de Turquía en política exterior ha sido muy ambigua y que Recep Tayyip Erdogan (según expertos internacionales en seguridad) no sólo estuvo abasteciendo de armas a los grupos terroristas en Siria, sino que al encontrarse en evidente desacuerdo con los kurdos que habitan territorio turco y que desean separarse, avalaba los ataques que recibirán estos por parte de los extremistas. Incluso, hasta se dio a conocer que el petróleo de los terroristas era comprado por el propio hijo de Erdogan. La inteligencia y la aviación rusa se encontraban detrás de las vías y las rutas por las cuales trasladaban suministros desde Turquía a Siria y viceversa, cuando derribaron el avión bajo el falso argumento de que estaba violando el espacio aéreo turco.

El presidente de Turquía pensó que sus aliados occidentales le iban a respaldar por el derribo del avión ruso, sin embargo, la actitud que tomó la OTAN y EEUU fue muy diferente a lo esperado y más bien le hicieron entender que había sido un grave error y que de verse en más problemas con Rusia producto de este hecho, ellos no le respaldarían. Esta fue la primera señal de deterioro y desconfianza en las relaciones turco-occidentales.

Las reacciones de Rusia ante el derribo no se hicieron esperar, el bloqueo económico que Putin llevó a cabo tocó una fuente de ingreso sumamente importante para el país: el turismo y el comercio. Producto de ello y del enfriamiento de las relaciones con occidente, Erdogan comenzó a bajar el tono del altercado con Rusia y trazó pragmáticamente una especie de “línea de confianza” para intentar abrir una ventana de diálogo con Putin, lo que evidentemente inquietó a occidente así como a algunos grupos radicales a los cuales Turquía probablemente se encontraba apoyando y Rusia combatiendo.

Los atentados terroristas que sufre este país después de estos cambios políticos, fueron en palabras de analistas internacionales: “la respuesta de dichos grupos radicales ante el viraje en las relaciones que el presidente Erdogan intentaba realizar con respecto a Rusia”. Aunque todavía no está claro cual grupo fue el que los ejecutó, lo que sí es notorio es que fue la excusa perfecta para que Turquía rompa relaciones con dichos grupos y se replantee su posición respecto a la lucha antiterrorista. No debemos olvidar que por su posición geográfica, Turquía es tiene un alto valor geoestratégico, tanto para quienes luchan contra el terrorismo, como para estos grupos radicales, que además de encontrarse desesperados por las pérdidas que siguen sufriendo en Siria, casi que su única vía para acceder a suministros es por Turquía.

Inmediatamente después de estos hechos, se dio a conocer una noticia que dejó a todo el mundo con la boca abierta y que fue considerado como un triunfo más de la diplomacia rusa. La decisión de Erdogan de pedirle perdón públicamente a Putin por el derribo del avión fue algo que nadie se esperaba, pero además, Turquía ofreció pagar el costo de la aeronave ya que el siniestro no había sido un “hecho intencional”. Ante esto, Rusia no adoptó una postura hostil, dejando entrever que a pesar de su disgusto y la tensión diplomática entre ambas partes, efectivamente daban el beneficio de la duda al gobierno turco respecto a su nuevo cambio de rumbo, debido a que por razones lógicas, esto beneficia los intereses de Rusia y debilita aún más las relaciones de Turquía con occidente, específicamente EEUU.

Tal parece que esta fue la gota que derramó el vaso dentro entre los sectores políticos turcos que no apoyan al presidente. Después de este hecho y los cambios que Erdogan empezó a realizar en su gabinete con el fin de concentrar mayor poder, es que se presentó el intento de golpe de Estado de la semana pasada. De este intento de golpe vale la pena reflexionar sobre algunos hechos concretos. En primer lugar, el presidente constitucional toma su avión y el país que le abre su espacio aéreo para que cargue combustible y permanezca por un periodo corto es Irán, país no aliado a occidente. Medios internacionales afirmaron que Erdogan solicitó asilo político en Alemania y este país se lo negó, siendo anteriormente un “aliado” de dicho gobierno, acontecimientos que deja mucho que pensar.

Otro aspecto importante de tomar en cuenta, es que los sectores del ejercito que llevaron a cabo el intento es evidente que tienen una posición y un criterio bastante diferente al de Erdogan respecto hacia donde desea llevar las relaciones exteriores del país y probablemente en lo ideológico-religioso también. Sumando más hechos relevantes, nos encontramos que desde hacía ya algún tiempo atrás, en occidente se venía haciendo una leve crítica al gobierno turco y al presidente debido a la falta de libertades y el evidente autoritarismo que estaba socavando los pilares de la democracia en ese país. Empero, de los gobiernos occidentales se podía ver una especie de silencio cómplice al respecto, haciendo que fueran los sectores más críticos y no del “establishment” los que dirigieran esas acusaciones con más fuerza. Situación que después de este intento de golpe ha empezado a variar, y que incluso, en los análisis que cadenas como CNN están realizando, a pesar del rechazo rotundo al intento de derrocamiento, su énfasis principal es que ahora se va a consolidar un Estado no democrático y sumamente autoritario, lo cual “empieza a preocupar” por las violaciones a los derechos humanos y las libertades que “empiecen” a darse. Como si esto fuese algo que se da hasta ahora, ¿por qué no preocuparse antes con la misma intensidad, tal como los grupos “no oficialistas” lo hacían?

Después de que las aguas han bajado la intensidad y el ejecutivo ha tomado nuevamente el control de la situación operativa y política de Turquía, el mismo Erdogan así como otras importantes figuras de su gabinete han empezado a levantar la vos y a denunciar al que consideran fue el autor intelectual del golpe, el clérigo Fetulá Gülen, histórico opositor y enemigo político de Erdogan, exiliado en EEUU y acusado por el gobierno turco de ser el líder de un grupo terrorista. Por su parte, Gülen ha rechazado todas las acusaciones y el mismo gobierno estadounidense se ha sacudido sobre las vinculaciones que han hecho los turcos sobre una supuesta participación de los servicios secretos norteamericanos en lo ocurrido. La respuesta que dio el Secretario de Estado John Kerry fue la siguiente: “las insinuaciones públicas o afirmaciones sobre cualquier papel de EE.UU. en el intento de golpe de Estado son absolutamente falsas y dañinas para las relaciones bilaterales”. Este enfriamiento en las relaciones entre Turquía y EEUU parecen no tener vuelta de hoja, las afirmaciones del Primer Ministro Turco, Binali Yildirim así lo comprueban: “Gulen es líder de una organización terrorista; no estoy mirando ahora al país donde se encuentra. Si este país le da cobijo a un terrorista, entonces no es un amigo de Turquía”.

Sin embargo, es muy temprano para acusar o saber realmente quienes fueron los que diseñaron y apoyaron este golpe, es algo que solo las investigaciones y el tiempo dirá. Lo que sí podemos preguntarnos es: ¿será todo este caos el precio que tiene y tendrá que pagar Erdogan por acercarse a Rusia? ¿tiene este intento de golpe un cierto “tufo” pro-occidental y evidentemente anti-ruso? algo evidente, es que Turquía ya no puede seguir confiando en sus socios occidentales, incluida la OTAN, y si Erdogan desea restablecer las relaciones internacionales de su país, tendría que pensar en nuevos aliados estratégicos, que no solo sean más leales, sino que le brinden “estabilidad externa” y confianza para que de esta manera pueda seguir tranquilamente con sus planes e intereses a lo interno.

Otra conclusión es que no se puede perder de perspectiva que todo esto también lleva dirección de afectar a Rusia, sin embargo, el fallido golpe y lo que pueda venir después de esto es probable que termine fortaleciendo a este país. Por otro lado, pero no separado de esto, es menester realizarse más preguntas: ¿Qué actitud va a tomar occidente y la OTAN con el gobierno turco después de lo ocurrido el pasado viernes? ¿Iremos a presenciar la consolidación de un nuevo bloque geopolítico regional formado por Rusia, Turquía e Irán?¿Cómo podría afectar esto las tensiones EEUU-Rusia, el panorama geopolítico, la seguridad y la economía internacional? Sin lugar a dudas, para poder responder a ello es necesario permanecer atentos y en constante actualización sobre los hechos que se sigan presentando, ya que a causa de lo convulsa de la situación mundial, literalmente, el movimiento de las alas de una mariposa aquí puede causar estragos al otro lado del planeta.

(*) Mauricio Ramírez Núñez, magister en estudios latinoamericanos con énfasis en cultura y desarrollo.



http://www.elpais.cr/2016/07/17/un-intento-de-golpe-con-tufo-anti-ruso/

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