martes, 4 de junio de 2019

Vuelve la guerra fría bajo el océano: el submarino ruso que hará temblar al mundo

Submarino SSK ruso de la clase Kilo. (Foto: UKMoD)
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20/05/2019 05:00 - ACTUALIZADO: 21/05/2019 13:02

Rusia botó recientemente un nuevo submarino nuclear, el Belgorod, que está generando preocupaciones. Se trata de un submarino de gigantescas proporciones del que no se construirá ninguna unidad gemela. Poco después, también fue noticia la entrega, por parte de la industria alemana, del submarino S-43 a la Armada egipcia, tercero del tipo 209 que adquiere. Un goteo de noticias como estas se viene produciendo en los últimos años, algo que deja claro que esta nave de guerra está viviendo una nueva juventud. Estas son las claves tecnológicas alrededor del resurgir del submarino y por qué es tan importante.


. Un enfrentamiento oculto, secreto en su mayor parte y cruel. La entonces Unión Soviética no podía competir con el poderío occidental, principalmente norteamericano, en buques de superficie. Por eso abandonó la idea de construir portaaviones y en cambio potenció hasta el extremo su flota submarina. Para Occidente lo submarino constituía la “gran amenaza”. Un único sumergible soviético navegando por el Atlántico podía arrasar, con un solo ataque, una buena parte del territorio norteamericano o de cualquier país aliado. Por ello se desarrolló una capacidad sin precedentes en la historia para frenar estas amenazas.
Escuchar el mar


Imagen artística de la clase Columbia, nuevos submarinos nucleares lanzamisiles. (US NAVY)



Por una parte se sembró el océano de hidrófonos. Fue el sistema SOSUS, acrónimo de ‘Sound Surveillance System’ (Sistema de Vigilancia Sónica). Consistía en una cadena de puestos de escucha submarinos repartidos en una línea que va desde Groenlandia hasta Gran Bretaña pasando por Islandia. Es lo que se conocía (y conoce) como el 'paso GIUK' (Greenland-Iceland-United Kingdom), constituyendo una barrera a la salida de los submarinos al Atlántico. En paralelo se desarrollaron sonares de barco, los más efectivos remolcados, así como aviones de patrulla y helicópteros especializados. En aquella época, se decía, no se movía un besugo por el gran charco sin que los americanos lo supieran.

Con la caída de la Unión Soviética parecía que la guerra submarina y antisubmarina iba a pasar a la historia y muchos países, incluidos los propios norteamericanos, descuidaron en cierta medida este campo. El declive de la flota rusa y el hecho de que, entonces, el submarino era un arma que no estaba al alcance de todo el mundo, contribuyeron a este relajo.

Con la caída de la URSS, el resto de países, especialmente EEUU, descuidaron esta batalla

La realidad es bien distinta y las noticias que se referenciaban al inicio del texto son el más claro ejemplo. Las grandes potencias no solo no han abandonado la construcción de submarinos, sino que son cada vez más grandes y evolucionados. Además esta nave se ha “popularizado” de tal manera que hoy en día casi cualquiera puede operar con este tipo de buques. Países para los que hasta hace poco tiempo esta tecnología estaba fuera de su alcance, adquieren ahora sumergibles de pequeño tamaño en la industria europea o a precio de saldo en el mercado de segunda mano de Rusia o de alguna de las antiguas repúblicas soviéticas.


Submarino SSK chino de la clase Song. (SteKrueBe)



El Belgorod ruso, por ejemplo, es el submarino más largo del mundo con 184 metros de eslora y tiene un desplazamiento en inmersión de 30.000 toneladas. Es enorme. Dispone de características muy revolucionarias, como sus nuevos torpedos nucleares intercontinentales Poseidón (Status-6 en nombre clave ruso), con un tamaño de 20 metros de largo y un alcance de 10.000 km a unos 60 km/h. También está preparado para usar ampliamente drones submarinos y puede llevar incluso un minisubmarino clase ‘Losharik’, capaz de sumergirse a más de 1.000 metros de profundidad. Sobre el papel un navío extraordinario, aunque obviamente todo esto son datos estimados y hay que tomarlos con las debidas cautelas, pues ninguna de estas “superarmas” están probadas ni su fiabilidad demostrada. Aun así, está claro que el tema de los grandes submarinos para nada está estancado.

El submarino egipcio poco, por no decir nada, tiene que ver con el ingenio ruso. Se trata de un submarino convencional (diésel / eléctrico), de la clase alemana ‘U-609’, de pequeño tamaño con 54 metros de eslora y con un desplazamiento de 1.500 toneladas. Para que se hagan una idea, es poco más de la mitad del Losharik que es capaz de llevar incorporado el Belgorod. Pero es un submarino, armado con torpedos y Egipto, con éste, ya tiene tres.
La amenaza submarina

Es un arma muy poderosa. No hay nada peor para una flota que el hecho de que haya un submarino enemigo no localizado operando en su zona. Pero es un “arma de negación”. Con una flota de superficie se controla el océano y con él, las vías de comunicación y el acceso a las costas, que es lo importante. Antaño las flotas de países en guerra combatían por este concepto. Se producían grandes batallas navales y el vencedor se aseguraba las rutas comerciales, mientras que el perdedor se quedaba económicamente asfixiado. De esto va la guerra naval.

El submarino vino a cambiarlo todo. Con una flota bajo el mar ni se controla el océano ni se asegura ninguna ruta comercial, pero se puede impedir que el enemigo las utilice. Fue la estrategia seguida por la Alemania de Hitler en la Segunda Guerra Mundial con la que estuvo a punto de doblegar a Gran Bretaña, a base de cortarle la ruta de comunicación con Estados Unidos atacando su tráfico mercante. Fue igualmente, como hemos explicado, la estrategia soviética en su enfrentamiento con occidente.


Submarino nuclear norteamericano USS Louisville (SSN 724). (US NAVY)



Hasta tal punto es importante el papel de un submarino en un conflicto bélico que, la mera sospecha de que pueda haber un submarino enemigo operando en una zona, paralizará el tráfico de superficie. ¿Quieren un ejemplo? Guerra de las Malvinas. Los argentinos, con los británicos casi al otro lado del mundo, parecía que tenían todas las de ganar. Disponían de las bases en las islas y de un portaaviones que, posicionado en el océano y apoyado por su flota, podía haber asegurado el dominio aéreo. Pero Gran Bretaña tenía dos cosas muy importantes: submarinos nucleares y voluntad de utilizarlos.

Gran Bretaña solo tuvo que declarar una “zona de exclusión” alrededor de sus islas y enviar varios submarinos. Fueron los primeros buques británicos en llegar a la zona y, en una acción no exenta de polémica, el HMS Conqueror hundió al crucero argentino ARA General Belgrano, que navegaba fuera de aquella área restringida. Polémicas aparte, las consecuencias reales fueron que, al carecer Argentina de medios efectivos para la lucha antisubmarina, su flota desapareció de las inmediaciones y su portaaviones permaneció en puerto durante todo el conflicto, dejando todo el peso de la acción a una aviación que tuvo que combatir con un arrojo extraordinario al límite de sus posibilidades.
Ricos y pobres en el arma submarina


Submarino SSK japonés SS-506 Kokuryū. (JMSDF)



Como en casi todo, entre los submarinos hay dos grandes ligas. La 'clase alta' son los nucleares o SSN, mientras que los de 'segunda' serían los convencionales o SSK, aunque es cierto que en ambas habría varios escalones. Los submarinos nucleares son lo más: más grandes, más potentes, más peligrosos y más caros. Pero también es cierto que tienen algunas debilidades y que, por el contrario, los convencionales tienen algunas ventajas.

En un océano, en un conflicto convencional y a la hora de impedir la acción de una flota enemiga, el submarino nuclear es el rey. Su propulsión les otorga una autonomía ilimitada y, lo que es más importante, en inmersión tampoco tienen las limitaciones de un convencional, impuestas por la duración de sus baterías y por eso pueden permanecer sumergidos durante largos espacios de tiempo. Por el contrario, su tamaño puede jugar en su contra si se ven obligados a actuar en aguas costeras, donde no se desenvuelven bien y, además, el hecho de que su planta nuclear esté permanentemente en funcionamiento les hace ser indiscretos: hacen siempre algo de ruido.

El tamaño de los súpersubmarinos puede jugar en su contra si actúan en aguas costeras

El submarino convencional diésel / eléctrico es mucho más pequeño, lleva menos armamento y es relativamente barato. Si se trata de un conflicto asimétrico o en una zona costera, un submarino convencional puede ser muy eficaz, sobre todo en cometidos de inteligencia, obtención de información o infiltración de equipos de Operaciones Especiales. Su pequeño tamaño y su funcionamiento con baterías y motor eléctrico, que no genera apenas ruido alguno, les hace ser muy escurridizos y difíciles de localizar, pero tienen el gran problema de depender del aire y uno de estos submarinos, tarde o temprano, deberá salir “a respirar”, poner en marcha su motor diésel y cargar sus baterías. Aquí radica su debilidad y es cuando resulta vulnerable.
¿Cómo está España?


Submarino S-71 Galerna (Armada Española)





La situación actual del arma submarina de la Armada no es buena, podría ser mucho peor y lo positivo es que en breve mejorará sustancialmente. España mantiene en servicio tres submarinos SSK de la clase ‘Mistral’, que son del diseño francés de la clase 'Agosta'. Están ya anticuados y se deberían haber dado de baja, pero el sonado fallo en el diseño de los famosos S-80, ha obligado a prolongar su vida operativa más allá de lo previsto y deseable.

Los “Mistral” han sido buenos submarinos y han mantenido el Arma Submarina en un nivel aceptable. El retraso del S-80, quizás por un pecado de “suficiencia” y algo de exceso de optimismo, supuso un duro golpe y cierto desprestigio hacia la industria. Es fácil hacer bromas sobre un “submarino que no flota” cuando en realidad lo ocurrido fue un paulatino incremento de capacidades. Si cada vez se le pide más al mismo diseño, el peso aumenta hasta rebasar el límite, y fue necesario alargar el casco y el presupuesto. El primero hasta los 80 metros y el segundo… ya veremos. Bromas aparte, lo cierto es que el retraso y sobrecostes espantaron a los posibles clientes extranjeros. Ventas perdidas.



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