jueves, 4 de junio de 2020

Un analista de seguridad propone que Reino Unido refuerce Gibraltar con más buques y misiles antiaéreos



photo_cameraVerja de Gibraltar desde el lado español.
Aurelio Ruiz Enebral chevron_right 


Los roces, persecuciones, amagos y protestas por la presencia de barcos de la Armada, de la Guardia Civil y del Servicio de Vigilancia Aduanera en las aguas alrededor de Gibraltar, incluso por aviones del Ejército del Aire que vuelan cerca del Peñón, está suscitando reacciones en Reino Unido, pero también en otros lugares.


Confidencial Digital contó a finales de febrero que en el primer mes ‘post-Brexit’ los incidentes por lo que británicos y llanitos denominan “incursiones” españolas se habían disparado.


Durante los meses de marzo, abril y mayo se han seguido sucediendo con cierta periodicidad estos hechos. Algunos medios británicos han denunciado que España habría aprovechado el coronavirus y la ‘baja’ del primer ministro Boris Johnson para marcar terreno e incrementar su ‘desafío’ con más acercamientos de embarcaciones, sobre todo, y también de aviones que no dan un rodeo, sino que sobrevuelan el espacio aéreo sobre Gibraltar.


Esa es la tesis de un artículo publicado en la web de la revista Forbes, publicación estadounidense especializada en el mundo de la economía y los negocios, que recoge la plataforma “Gibraltar Español”.


Lo firma Craig Hooper, un analista de seguridad estadounidense, fundador de la web “NextNavy.com” y autor de artículos en medios como Los Ángeles Times, The Washington Post y The New York Times, así como colaborador de la revista del Instituto Naval de Estados Unidos, un think tank sobre cuestiones navales y militares.
Un reto para Boris Johnson


Hooper analizaba la situación de Gibraltar en el contexto del retorno de Boris Johnson a la primera línea tras superar el coronavirus: “Boris Johnson se enfrenta a una crisis en Gibraltar en su primer día de vuelta al trabajo”.


“Mientras que el coronavirus obligó a España a un estricto cierre, las incursiones militares españolas en aguas británicas alrededor de Gibraltar se han incrementado. España ha aprovechado al máximo, mientras que el primer ministro del Reino Unido, Boris Johnson, estuvo fuera durante la mayor parte de abril por un caso grave de COVID-19”, comienza su artículo Hooper.


Insiste en que “a medida que el Brexit alimenta el aventurerismo español, las incursiones apenas disputadas en las aguas territoriales británicas y el espacio aéreo se han vuelto más frecuentes y cada vez más descaradas”.
El precedente de Malvinas


Este analista asegura que la tensión es tan “extremadamente alta” y las “incursiones españolas” son tan agresivas que se plantea “la posibilidad de una confrontación militar directa entre los dos aliados de la OTAN”.


De ahí que concluya que “se acerca una crisis”, incluso llega a escribir que Boris Johnson debería saber que además de la epidemia de coronavirus, de la crisis económica y del Brexit, el primer ministro del Reino Unido tendría que ser consciente de que podría enfrentarse “a una crisis similar a las Malvinas”, cuando Argentina invadió esas islas de soberanía británica en 1982 y Reino Unido se enfrentó militarmente a los argentinos para recuperar las islas.
La diplomacia fracasa: opción militar


A su juicio, Reino Unido “no puede seguir haciendo la vista gorda” y pasando de puntillas ante la “implacable provocación de España” con sus incursiones casi diarias.


Señala que las protestas diplomáticas que frecuentemente dirige el Foreign Office a Madrid han demostrado ser “ineficaces” y por eso propone alternativas más contundentes que se concretan en mayor presencia militar británica en su colonia de la punta sur de la provincia de Cádiz.


¿En qué se debería concretar ese refuerzo militar de Gibraltar? Habla de “mayor presencia naval”, pero también del “despliegue de misiles de defensa aérea”. Esa combinación de mayor potencia de defensa naval y aérea “pueden ser la única opción prudente de Gran Bretaña para evitar que el aventurerismo español se descontrole”.
La débil defensa naval de Gibraltar


En este artículo para Forbes, Craig Hooper considera que “las fuerzas marítimas británicas en la región son simplemente demasiado débiles”, ya que sólo están formadas por “dos pequeñas embarcaciones patrulleras de soberanía de Gran Bretaña (el HMS Sabre y el HMS Scimitar HMS de 52 pies de largo) y algunas lanchas motoras inflables de casco rígido”


El conjunto de estas embarcaciones son “poco disuasorias” frente a algunos buques de la Armada española, patrulleras y lanchas de la Guardia Civil que navegan por las aguas que Reino Unido considera de su soberanía, pero que España reivindica como propias por no estar incluidas en el Tratado de Utrecht.
Perjuicio a Estados Unidos


El interés de este analista de seguridad y defensa por Gibraltar proviene de su convencimiento de que “la tensión sobre Gibraltar corre el riesgo de atrapar a los Estados Unidos” y de perjudicar sus intereses y alianzas.


Por ejemplo, Hooper apunta que “cuando los submarinos estadounidenses visitan Gibraltar, las embarcaciones españolas interfieren regularmente hasta el punto de que los escoltas británicos disparan disparos de advertencia”.


También señalaba que poco antes de escribir ese artículo, “el control de tráfico aéreo español interfirió con un KC-130 [un avión cisterna] estadounidense que volaba desde Gibraltar”.


Destaca que la tensión es tan alta “que cualquier mando estadounidense que visite Gibraltar no puede transitar directamente a España, un aliado de la OTAN, sino que debe detenerse en un segundo puerto o volar a otro país”.


Como tanto España como Reino Unido son aliados firmes de Estados Unidos, y éste tiene intereses militares compartidos con ambos, propone que tome partido y por ejemplo plantee un debate sobre Ceuta y Melilla relacionado con Gibraltar: “España tiene varios puntos estratégicos frente a las costas de Marruecos, y una discusión franca sobre el destino de las propiedades extraterritoriales de España puede resultar bastante interesante. Otra opción para Estados Unidos es profundizar de inmediato las actividades operativas en curso en el Peñón, destinando barcos u otras unidades allí. O, en cambio, Estados Unidos puede sentarse y no hacer nada, ya que el aventurerismo español desgarra a la OTAN y envía al ya frágil Mediterráneo al caos”.



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