martes, 6 de marzo de 2018

La guerra fría del gas: EEUU y Rusia luchan por la influencia en Europa del Este

Un instrumento de supervisión en un gasoducto en Beregdaroc, Hungría, uno de los principales puntos de entrada del gas ruso a la Unión Europea. (Reuters9



Europa del Este ha vuelto al centro de la geoestrategia internacional. Rusia y Estados Unidos están regresando a un tablero que conocen bien, tratando de consolidar o ampliar sus zonas de influencia. Pero con una novedad: la batalla, además de en los planos militar y político, se libra también en el terreno económico. El arma en esta puja es el gas natural que necesitan los países de la región y que ambas potencias están dispuestas a suministrar a cambio de ganar peso político. Por el momento la primera víctima es la unidad dentro de la UE, en peligro de resquebrajarse ante las tensiones entre los intereses nacionales y las presiones externas.

De vuelta de su visita a Davos, el secretario de Estado de EEUU, Rex Tillerson, protagonizó un pequeño desvío. Paró en Polonia, uno de los pocos estados europeos que ha visitado Trump como presidente para un encuentro bilateral. En Varsovia aprovechó para reunirse en poco más de 24 horas con el presidente del país, el primer ministro, el ministro de Exteriores y con Jaroslaw Kaczynski, el líder del ultraconservador Ley y Justicia (PiS), el partido gobernante enfrentado a Bruselas. Kaczynski está considerado dentro y fuera de la mayor economía de Europa del este como el verdadero maestro en las sombras de Polonia.


Tillerson, en su principal comparecencia pública en Varsovia, se mostró llamativamente contundente al hablar del mercado energético europeo y de un proyecto ruso para construir un gasoducto que conectará directamente Rusia y Alemania a través del mar Báltico. "Como Polonia, los Estados Unidos se opone al gasoducto Nord Stream 2. Consideramos que socava la seguridad energética y estabilidad de Europa en su conjunto", subrayó Tillerson, presidente del gigante petrolero ExxonMobil hasta que accedió al gabinete de Trump. "Nuestra oposición está guiada por nuestros intereses estratégicos mutuos", añadió.

Unas declaraciones de este tipo bastan para entender que el Nord Stream 2 no es un gasoducto más. Se trata de un macroproyecto, aún en un estadio inicial, que se estima que costará más de 9.500 millones de euros. El plan es tender, para que discurra paralelo al Nord Stream 1 -un gasoducto ya en funcionamiento-, una conducción de 1.225 kilómetros de largo por el fondo marino que una la salida de Rusia al mar Báltico con la costa nororiental de Alemania, evitando así cruzarcualquier otro país de Europa del Este. Al frente de esta importante infraestructura está Gazprom, la gasista estatal rusa. Pero no está sola. En el proyecto también participan los grupos energéticos alemanes Uniper y Wintershall, la austriaca OMV, la francesa Engie y el gigante anglo-holandés Shell.





Gazprom y el Kremlin

Tillerson, como muchos expertos y políticos, considera que el Nord Stream 2 no es un proyecto exclusivamente económico. Denuncia que tras Gazprom se encuentra el Kremlin, con su afán de extender su área de influencia política y su interés por desestabilizar y dividir la Unión Europea. Lo advirtió en Varsovia. En su opinión, este gasoducto "da a Rusia otra herramienta más para politizar el sector energético". La conclusión, a su juicio es obvia: es preciso acabar de raíz con este proyecto y buscar en el resto del mundo distintos proveedores energéticos para el viejo continente. "Creemos firmemente que Polonia y el resto de Europa disponen de los recursos necesarios para diversificar sus fuentes de energía, algo fundamental para la seguridad a largo plazo de Europa", subrayó.

No era la primera vez que el Nord Stream 2 era tema de conversación para la administración Trump. Estados Unidos dio ya un golpe sobre este tablero el pasado verano. Entonces aprobó por primera vezsanciones contra las empresas occidentales que trabajan en proyectos rusos. Un claro golpe en la línea de flotación de las compañías europeas implicadas en el Nord Stream 2. Pero el anuncio de estas medidas no llegó solo. De la mano de las sanciones, Washington lanzó una serie de propuestas para animar a los países europeos a comprar a sus empresas gas natural licuado (LNG), entreverando así sin complejos geoestrategia y cálculos comerciales. "A uno le queda la sensación de que Estados Unidos persigue sus propios intereses económicos", afirmó entonces comentando esta noticia Volker Triere, el presidente de la Cámara Alemana de Industria y Comercio (DIHK).

De hecho, Polonia anunció cinco meses después un acuerdo de suministro de LNG con Estados Unidos que prevé un total de nueve buques cargados de gas al año durante un lustro. Las naves atracarán en el nuevo puerto de Swinoujscie, en el mar Báltico, donde se ha levantado una planta regasificadora diseñada para este suministro. En este contexto las declaraciones de Tillerson en Varsovia cobran un nuevo significado. "Estamos orgullosos de apoyar la diversificación y la seguridad energética de Polonia", afirmó el secretario de Estado.


La terminal de LNG en Swinoujscie, Polonia, recién terminada, en junio de 2017. (Reuters)


El papel de Alemania

Alemania es uno de los actores con un papel más complejo en esta trama. La canciller alemana, Angela Merkel, ha apoyado en repetidas ocasiones el Nord Stream 2 y, cuando se le ha afeado su tácita complicidad con Moscú, ha asegurado que se trata de un proyecto "puramente económico" y que la política no tiene por qué meterse en ello. Un portavoz del Ministerio de Economía argumentó recientemente que "una infraestructura adicional de gas puede contribuir a elevar la seguridad de oferta en Europa".


https://www.elconfidencial.com/mundo/2018-03-06/guerra-fria-gas-eeuu-rusia-influencia-europa-este_1528191/

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