domingo, 3 de diciembre de 2017

La nueva guerra fría que congela el Báltico


La OTAN vigila sus fronteras con Rusia con más de 4.500 militares llegados de 16 países aliados diferentes, incluida una compañía blindada española con sofisticados carros de combate Leopardo


ENRIQUE FIGUEREDO, Adazi (Letonia)
26/11/2017 01:20 | Actualizado a 26/11/2017 07:31


En el cuartel general de la OTAN se dice continuamente que no se pretende entablar con Rusia una nueva guerra fría, pero si se viaja a Polonia o alguna de la repúblicas bálticas, es otra cosa lo que se ve. La nueva misión de la Alianza Atlántica en sus fronteras del este evidencia que para disuadir al que se tiene enfrente lo mejor es la exhibición de músculo militar. Y eso es hoy una realidad.

Un total de 16 banderas de países miembros de la OTAN se han izado enLetonia, Estonia, Lituania y Polonia desde la pasada primavera. La misión Presencia Avanzada Reforzada (eFP, según las siglas en inglés) supone el desplazamiento de tropas y medios de combate de esos 16 aliados, que empezaron a llegar esta primavera y cuyo despliegue actualmente está en fase de consolidación.



Los aliados atlánticos, reunidos en junio del 2016 en Varsovia, estudiaron el modo de responder a las amenazas o la intimidación que para las repúblicas bálticas y Polonia suponían ciertos movimientos de tropas y hasta demostraciones de poderío que Rusia hacía en forma de maniobra en su lado de la frontera. La anexión de Crimea por los rusos y la desestabilización de Ucrania supusieron y siguen suponiendo ejemplos negativos que pesan mucho en el ánimo de polacos, estonios, letones y lituanos. Pidieron ayuda a sus socios y sus peticiones fueron escuchadas.

En la cumbre de Varsovia de la OTAN, se acordó crear cuatro batallones multinacionales con grandes capacidades de combate que se desplazarían a cada uno de los países reclamantes. Cada uno de los batallones sería liderado por un aliado en concreto. Se asignaron, y hoy están ya desplegados en sus zonas de asentamiento.


El despliegue persigue disuadir a Rusia de tentaciones expansivas como la de Crimea

El grupo táctico (en terminología inglesa se denomina battle group) desplegado en Polonia está liderado por Estados Unidos y compuesto por efectivos de ese país, además de rumanos, británicos y croatas. El que se ha desplegado en Lituania está comandado por Alemania en colaboración con Bélgica, Luxemburgo, Países Bajos y Noruega. En el grupo táctico de Letonia, que lidera Canadá, está integrado el subgrupo español, además de efectivos de Italia, Polonia, Eslovenia y Albania. Por último, el battle group de Estonia es el comandado por Reino Unido en cooperación con efectivos franceses.

En total, todo este grupo de países ha desplazado en su conjunto a toda la región este a unos 4.550 ­militares.

La misión eFP es muy distinta a otras desplegadas por la OTAN, que son de adiestramiento de fuerzas nacionales anfitrionas, como el caso de Afganistán. “Estamos aquí para evitar que se vuelvan a quebrantar las leyes (internacionales) como ha ocurrido en Ucrania”, afirma el delgado y espigado mayor Troy Leifso, del ejército canadiense, responsable de la compañía de mando del batallón multinacional letón.

El caso de Letonia es equiparable al de los otros tres grupos tácticos restantes. Se trata de unidades que deben integrarse en brigadas nativas ya existentes, donde los niveles de profesionalidad y capacitación son equivalentes a la OTAN, pero resultan de potencia insuficiente. Letonia es un país de dos millones de habitantes con un ejército en consonancia con esa población.


Las fuerzas de la Alianza se han desplazado a Polonia y las repúblicas bálticas

Cuanto dice el oficial canadiense de servicio en Letonia es extensible a los casos de Estonia, Lituania y Polonia: “Aquí no hace falta mantener la paz porque siempre la ha habido. La presencia del batallón multinacional sirve para demostrar a los países bálticos que se está aquí para prevenir cualquier incidente y apoyarles”.

Tales afirmaciones tienen resonancias de otras épocas, de aquellas en las que la OTAN tenía enfrente a la Unión Soviética y sus forzosos aliados de la época comunista.

El segundo jefe del grupo táctico creado en Letonia es un español, el comandante Juan Vicente Cardona. Su jefe en el battle group, un teniente coronel canadiense, se encuentra de viaje. A diferencia de otros contingentes, el de Canadá tiene un permiso a mitad de misión. “Un esfuerzo como este –dice el comandante Cardona al referirse a la misión Presencia Avanzada Reforzada– no se había hecho desde la guerra fría, como cuando en 1989 había tropas de la Alianza desplegadas en la entonces Alemania ­Occidental”.

El mayor Leifso recuerda esos días previos a la caída del telón de acero cuando habla de por qué Canadá ha querido liderar uno de los cuatro grupos tácticos multinacionales: “Durante la guerra fría, Canadá ya tenía una brigada en la Alemania Federal. A finales de los ochenta y principios de los noventa nos retiramos, pero tras el problema en Ucrania vimos la oportunidad de volver a Europa”. El principal objetivo de la eFP es disuadir a Rusia de atacar o intervenir en las repúblicas bálticas o Polonia y asegurar una respuesta ante una situación de alerta.

El grupo táctico multinacional letón está radicado en la base de la pequeña ciudad de Adazi, a unos 25 kilómetros de Riga, la capital del país. La base no para de crecer desde la llegada de los contingentes militares extranjeros, y sus servicios han tenido que adaptarse a los usos y costumbres de las diferentes nacionalidades, como sus horas de comida. “La multinacionalidad es un objetivo en sí mismo. Es un mensaje claro que envía la OTAN”, afirma el comandante Cardona.

Canadá aporta para la misión en Letonia 450 militares; España, 300, la mayoría de la Brigada Extremadura XI; Italia, 160; Polonia, 160; Eslovenia, 50, y Albania, 18. El contacto entre los diferentes contingentes es continuo, al igual que los ejercicios en el campo tanto en colaboración multinacional como perfeccionando las capacidades de cada uno de los subgrupos nacionales del batallón.

El movimiento continuo de hombres y de la maquinaria bélica tiene una función que va más allá del puro perfeccionamiento de aptitudes: es una herramienta de disuasión, porque desde el otro lado de la frontera, los rusos observan todo cuanto ocurre. Así, la exhibición del potencial de los batallones multinacionales llegados al Báltico actúa como instrumento de disuasión. Los contingentes se desplazan por la geografía letona para realizar paradas o visitas culturales y se hace de uniforme y a bordo de sus propios vehículos, incluidos los blindados.

Con la integración del grupo táctico que dirigen los canadienses en una brigada letona ya existente “se ha doblado la capacidad militar del país”, según el comandante Cardona. Y la joya del battle group son los seis carros de combate españoles Leopardo, que “está muy por encima de los estándares medios”, según afirma durante un breve descanso en la cantina de oficiales de la base de Adazi el capitán Carlos Cespedosa, experto en el mando de secciones de este tipo de blindados.

El responsable de la brigada letona en la que se ha integrado el grupo táctico que la OTAN ha enviado a esa república báltica es el coronel Ilmars Atis Lejins, que además es el mando supremo del Ejército de Tierra de su país.

Lejins está muy satisfecho con la respuesta que la Alianza Atlántica ha dado a los requerimientos de su país y las demás repúblicas bálticas y Polonia. “La amenaza que suponen las intenciones rusas ha descendido mucho desde la llegada del refuerzo. La cuestión es cómo actuará Rusia ahora. Lo mejor es que nada ocurriese, sería lo mejor para todos”, afirma el coronel letón.

“Mi trabajo es prevenir la guerra y considero que ese objetivo ya está cumplido, pero quedan la guerra económica, la guerra social y la diplomática –añade el coronel Lejins–, aunque al menos aquella que atañe al sufrimiento de la gente ya se está disuadiendo”. Y entonces, desde su confortable pero austero despacho de la base de Adazi, cita de entre esas nuevas amenazas la propaganda o las noticias falsas en la que los rusos parecen contar con buenas capacidades.

En el despacho está también el teniente coronel Juan Castroviejo, miembro actual del cuadro de mando de la brigada que manda el coronel Lejins y jefe de todo el contingente del ejército español en Letonia –una parte de él, unos 100 efectivos de apoyo al mando, de mantenimiento o de logística no han sido transferidos al grupo táctico internacional– .

Ninguno de los dos tiene claro el calendario final de la eFP. “Por las peculiaridades de esta operación, creo que estamos hablando de años y no de meses, aunque no somos los militares los que fijamos la duración de una misión”, asegura Lejins, que añade: “Estamos muy agradecidos, pero a largo plazo Letonia quiere tomar el control de sí misma”.

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