
-14 octubre, 2026
Las sanciones CAATSA de EE.UU. continúan como uno de los principales obstáculos para el regreso de Turquía al programa de cazas furtivos F-35. Aunque Ankara y Washington mantienen contactos para resolver sus diferencias, la compra de sistemas antiaéreos S-400 rusos y las resistencias políticas todavía complican un acuerdo. Sin embargo, las recientes declaraciones de funcionarios turcos reflejan expectativas de avances en las negociaciones bilaterales.
El viceministro de Defensa Nacional de Turquía, Alpaslan Kavaklıoğlu, afirmó en una entrevista con CNN TÜRK que las conversaciones con Estados Unidos avanzan de forma positiva. El funcionario destacó los contactos sobre los primeros seis F-35 y señaló que ambas partes trabajan para resolver los asuntos pendientes. Sus declaraciones se producen en un contexto de acercamiento político entre el presidente estadounidense, Donald Trump, y su homólogo turco, Recep Tayyip Erdoğan.

Las negociaciones por los F-35 y el levantamiento de las sanciones CAATSA
Durante la entrevista, Kavaklıoğlu sostuvo que las relaciones entre ambos países atraviesan una etapa favorable. “Tenemos buenas relaciones. Se están desarrollando. Tenemos relaciones sorprendentemente buenas”, afirmó al describir los encuentros con representantes del Gobierno estadounidense y del Departamento de Guerra. Además, reconoció que la ley CAATSA sigue entre los asuntos pendientes, aunque aseguró que existen conversaciones para resolverlos en el corto plazo.
En relación con los cazas, el viceministro confirmó que Turquía mantiene contactos específicos con Washington. “Los F-35 también están en nuestra agenda. Creo que llegaremos a una conclusión también en ese sentido. Estamos en contacto constante, especialmente en lo que respecta a los primeros seis aviones”, declaró. Ankara sostiene que ya abonó parte de la adquisición y busca recuperar el acceso a las aeronaves, cuya entrega quedó interrumpida tras su salida del programa.
El acercamiento también cuenta con antecedentes políticos recientes. En enero de 2026, Trump afirmó que su Gobierno estaba “pensando muy seriamente” en la posibilidad de vender F-35A a Turquía, pese a las objeciones de Israel. Sin embargo, las declaraciones favorables no equivalen a un acuerdo definitivo, ya que la cuestión de los S-400 continúa condicionando las negociaciones y cualquier decisión sobre las sanciones.
F-35A – USAFLos S-400 rusos, el origen de la disputa entre Ankara y Washington
La compra de los sistemas antiaéreos rusos S-400 provocó la expulsión de Turquía del programa F-35 en 2019. Washington argumentó que la presencia de estos equipos podía permitir a Rusia recopilar información sobre las capacidades furtivas del avión estadounidense. Ankara, por su parte, sostuvo que no integraría los S-400 en la arquitectura de defensa aérea de la OTAN, aunque esa posición no evitó las medidas adoptadas por Estados Unidos.
Desde entonces, la posible retirada de los sistemas rusos se convirtió en una de las principales condiciones para normalizar la cooperación militar. En diciembre de 2025, el embajador estadounidense en Turquía, Tom Barrack, afirmó que esperaba resolver el problema en un plazo de cuatro a seis meses. Consultado sobre si Ankara estaba dispuesta a desprenderse de los S-400, respondió: “Sí”. No obstante, esa declaración no confirmó que Turquía hubiera completado la transferencia o renunciado a los equipos.
Durante julio de 2026, medios turcos informaron que Ankara evaluaba trasladar las baterías S-400 a los Emiratos Árabes Unidos, posiblemente a Dubái. La iniciativa buscaba encontrar una salida al diferendo sin mantener los sistemas en territorio turco bajo las condiciones actuales. Sin embargo, las informaciones sobre esa alternativa no acreditan que exista un acuerdo definitivo con Rusia, Emiratos Árabes Unidos y Estados Unidos.
Sistemas antiaéreos S-400La ley CAATSA y las resistencias políticas al regreso de Turquía
La ley para Contrarrestar a los Adversarios de Estados Unidos mediante Sanciones (CAATSA) permite a Washington imponer medidas restrictivas a quienes participan en determinadas transacciones con sectores de defensa e inteligencia de Rusia y otros países contemplados por la legislación. El Congreso estadounidense aprobó esta norma en 2017, en un contexto de creciente tensión con Moscú. Su aplicación busca limitar la cooperación militar con adversarios de Estados Unidos, aunque también puede convertirse en una herramienta de presión diplomática sobre países que mantienen vínculos estratégicos con Washington.
En el caso turco, Estados Unidos impuso sanciones a organismos y empresas vinculados con la industria de defensa después de la adquisición de los S-400. Por eso, una eventual reincorporación al programa F-35 requiere resolver tanto las restricciones legales como las preocupaciones de seguridad asociadas con el equipamiento ruso. El levantamiento de las sanciones, por sí solo, no garantiza la entrega de los cazas ni elimina automáticamente todas las condiciones técnicas y políticas.
Israel también representa un factor relevante en el debate regional. El país dispone de F-35 y busca preservar su ventaja tecnológica frente a otros actores de Oriente Medio. La eventual incorporación de Turquía a ese grupo podría generar objeciones por sus consecuencias sobre el equilibrio militar regional. En julio de 2026, la senadora estadounidense Jeanne Shaheen señaló que una solución aceptable para los S-400 podría facilitar el regreso turco al programa. “Si existe una solución aceptable respecto de los S-400, creo que sería positivo que Turquía regresara al programa F-35”, afirmó. Por ahora, el futuro de las negociaciones dependerá de que Ankara y Washington alcancen una fórmula que permita superar la disputa sobre los sistemas rusos y las sanciones CAATSA.
*Imágenes a modo ilustrativo.
https://www.zona-militar.com/2026/10/14/las-sanciones-caatsa-de-ee-uu-el-principal-obstaculo-en-las-negociaciones-para-el-regreso-de-turquia-al-programa-f-35/
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