Ceremonia de la botadura de la fragata F-111, en el astillero de Navantia en Ferrol (Foto: Europa Press)La modernización de la Marina Real marroquí y los últimos incidentes marítimos en Ceuta reabren el debate sobre la capacidad de respuesta de España en el Estrecho, donde las fragatas, los submarinos y la vigilancia naval resultan claves para proteger la soberanía.
15 octubre, 2026 05:15
Los últimos incidentes marítimos en aguas españolas han vuelto a situar el foco sobre la capacidad de vigilancia, disuasión y respuesta de la Armada frente a un Marruecos que lleva años modernizando sus Fuerzas Armadas. La cuestión ya no se limita a comparar fragatas, patrulleros o submarinos, sino a determinar qué capacidad tiene España para proteger sus aguas, responder ante una crisis y mantener la superioridad operativa en el estrecho de Gibraltar, el mar de Alborán y las proximidades de Ceuta y Melilla.
La diferencia de efectivos y tecnología en el mar es ridícula. España posee 84 barcos de guerra, incluido un portaaeronaves. La Marina Real marroquí está lejos de igualar el conjunto de capacidades de la Armada española, especialmente por la diferencia de dimensiones, experiencia expedicionaria y medios disponibles. Sólo tienen 10 buques de guerra y ninguno es un portaaviones. Sin embargo, Rabat ha invertido en plataformas modernas y sistemas de origen occidental que elevan el nivel de exigencia para la defensa española. La incorporación de nuevas fragatas, la modernización de sus medios de vigilancia y sus planes para ampliar la flota reflejan una apuesta por reforzar su posición en el Atlántico y el Mediterráneo.
El contexto geográfico hace que esta evolución tenga una importancia especial. España y Marruecos comparten un espacio marítimo estratégico, atravesado por rutas comerciales, cables submarinos, infraestructuras energéticas y corredores de navegación esenciales para Europa. A ello se suman las controversias sobre espacios marítimos próximos a Canarias, las aguas del entorno del Sáhara Occidental y la soberanía de territorios españoles del norte de África.
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No obstante, conviene distinguir entre incidentes de vigilancia, controversias sobre jurisdicción marítima y enfrentamientos militares. La presencia de buques de un país en zonas disputadas no implica necesariamente una incursión en aguas de soberanía ajena. Para valorar cada episodio resulta imprescindible conocer su ubicación exacta, la naturaleza de la actividad y la respuesta de las autoridades. La comparación militar permite entender las capacidades disponibles, pero no demuestra por sí sola que exista una escalada bélica.
Exterior del submarino S-81, a 12 de febrero de 2025, en Cartagena, Murcia (España). El Isaac Peral (S-81) es un submarino de ataque SSK-AIP de la clase S-80 perteneciente a la Armada, construido por la empresa española Navantia en Cartagena (Fuente: Agencias)La ventaja española: más escoltas, submarinos y capacidad de operar en la OTAN
La principal diferencia entre ambas marinas está en el conjunto de sus fuerzas, no en un único buque. España dispone de una estructura naval más amplia, con fragatas de las clases Álvaro de Bazán y Santa María, submarinos de la clase S-80, buques de acción marítima, unidades anfibias y el buque de proyección estratégica Juan Carlos I. Esta combinación permite asumir misiones de defensa aérea, guerra antisubmarina, protección de rutas comerciales y despliegue de fuerzas a larga distancia.
Las fragatas F-100 clase Álvaro de Bazán son uno de los activos más importantes de la Armada. Su sistema AEGIS y sus capacidades de defensa aérea permiten proteger agrupaciones navales frente a amenazas complejas. A ellas se sumarán progresivamente las F-110 clase Bonifaz, concebidas para modernizar la flota de escoltas y reforzar especialmente las capacidades antisubmarinas.
El programa de submarinos S-80 también resulta relevante. El Isaac Peral ya navega en adiestramiento y el Narciso Monturiol ha avanzado en sus pruebas de mar, según la información difundida por la Armada y el Ministerio de Defensa. Estos submarinos aportan una capacidad de vigilancia discreta y disuasión que no debe confundirse con una superioridad automática: su disponibilidad real depende del mantenimiento, el entrenamiento y el número de unidades preparadas para desplegarse. Marruecos no tiene ninguno.
Marruecos ha construido una fuerza naval más reducida, pero con plataformas modernas. Su principal fragata, la Mohamed VI, de diseño FREMM, dispone de capacidades polivalentes, mientras que las corbetas de la clase Sigma y sus patrulleros amplían las posibilidades de vigilancia y presencia en el mar. La cooperación con proveedores extranjeros ha permitido a Rabat incorporar tecnología avanzada sin desarrollar una industria naval militar comparable a la española.
La diferencia industrial también importa. España cuenta con Navantia y una cadena de empresas especializadas en construcción naval, sensores, comunicaciones y sistemas de combate. Esta base facilita el mantenimiento, la modernización y la adaptación de los buques, aunque los retrasos de los programas y las limitaciones presupuestarias pueden reducir la disponibilidad efectiva de la flota.
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En cuanto a Marruecos, los rumores y las ofertas internacionales sobre una futura adquisición de submarinos no deben presentarse como contratos cerrados. Si Rabat incorporase esta capacidad, el equilibrio regional cambiaría y España tendría que adaptar sus planes de vigilancia antisubmarina. Por ahora, la comparación debe hacerse con los medios realmente disponibles, no con los que podrían entrar en servicio en los próximos años.

Vista de la fragata F-101 ‘Álvaro de Bazán’ desde el Castillo de San Felipe, a 15 de febrero de 2023, en Ferrol, A Coruña, Galicia (Fuente: Agencias).
Ceuta y el Estrecho: la prueba real de la capacidad de disuasión española
Los incidentes de los días 30 y 31 de julio han convertido esta comparación en una cuestión inmediata. Según las informaciones publicadas, buques de la Marina Real marroquí navegaron sin autorización por aguas de soberanía española próximas a Ceuta durante la crisis migratoria. El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, confirmó posteriormente que se habían producido entradas de embarcaciones marroquíes, aunque describió los episodios como incidentes aislados y señaló que fueron abordados mediante contactos de alto nivel.
La Armada española respondió con el despliegue de unidades navales para reforzar la vigilancia y la disuasión. La presencia de fragatas y buques de acción marítima permitió mostrar que España dispone de medios para controlar el espacio marítimo y seguir los movimientos de embarcaciones extranjeras. Sin embargo, la disuasión no depende exclusivamente de enviar un buque de guerra, sino de mantener una vigilancia constante, disponer de información fiable y contar con reglas de actuación claras para responder a situaciones de tensión.
El episodio también pone de manifiesto las particularidades del escenario de Ceuta. La proximidad de la costa marroquí reduce los tiempos de reacción y obliga a coordinar a la Armada con la Guardia Civil, las autoridades marítimas y los responsables de la seguridad fronteriza. La vigilancia del Estrecho, además, debe atender simultáneamente al tráfico comercial, la actividad pesquera, las infraestructuras submarinas y los movimientos militares.
España conserva una ventaja global en capacidades navales, experiencia operativa y medios de combate de alta intensidad. Marruecos, sin embargo, puede concentrar sus recursos en un entorno geográfico próximo y explotar las dificultades políticas y diplomáticas de cualquier incidente.
El desafío para España no consiste únicamente en disponer de mejores fragatas que Marruecos, sino en transformar esa superioridad potencial en una presencia permanente y una respuesta proporcionada. La modernización de la Armada será determinante, pero también lo serán la disponibilidad de los buques, la inteligencia marítima y la firmeza institucional ante cualquier vulneración acreditada de la soberanía española.
https://www.moncloa.com/2026/10/15/superioridad-armada-marruecos-3448284/
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