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lunes, 21 de septiembre de 2026

Los dos mejores submarinos de España envían un mensaje a Marruecos





El S-81 Isaac Peral y el S-82 Narciso Monturiol se sometieron a una prueba conjunta antes de su entrega a la Armada

España ha reunido por primera vez a dos submarinos S-80 en el mar ARMADA

Creada: 19.09.2026 03:13

España, como país peninsular, debe contar con una Armada a la altura, ya que es el medio marítimo (y aéreo) el que más incidencia tiene dentro de las fuerzas armadas. En la actualidad, y de acuerdo con el sitio web Global Fire Power, España posee el puesto número dieciséis en capacidades navales.


La verdad es que es un buen puesto en un ranking que es extenso y que incluye a las mejores armadas del planeta. Una clasificación que ha ido ascendiendo con el paso de los años gracias a la inversión del Gobierno en su Armada. Recientemente se ha podido comprobar que ese capital invertido se ha gastado bien cuando se ha podido observar en el mar a dos de los submarinos de última generación que van a equipar muy pronto a sus fuerzas navales.

La salida conjunta de los dos submarinos ha marcado un nuevo hito para el arma submarina dentro de la Armada. Tal y como ha mencionado la revista Defensa, que el S-81 y el S-82 hayan compartido esta travesía de manera simultánea refleja «sobre el terreno el avance de una capacidad estratégica concebida para reforzar la seguridad de la defensa de España».

Durante la ruta realizada, ambos buques han tenido distintas tareas. El S-81 ha realizado el viaje como medio de adiestramiento para su dotación, mientras que el S-82 lo ha llevado a cabo para pruebas reales en alta mar. Este último es un proceso clave, ya que vale para verificar el comportamiento de la plataforma y los sistemas antes de que haya una incorporación oficial en la Armada.

Respecto al Narciso Monturiol no es la primera vez que sale al mar. El submarino comenzó sus pruebas a finales del pasado mes de junio y, al mes siguiente, ya logró uno de sus hitos con su inmersión estática en las aguas próximas a la Base Naval de La Algameca, en Cartagena (Murcia). En cambio, el Isaac Peral es un viejo conocido que completó su primer despliegue en la operación Sea Guardian en el marco de una misión de la OTAN en noviembre de 2025. A sus espaldas cuenta ya con nada menos que cuarenta y seis días de navegación, 840 horas de inmersión y un total de 5.050 millas náuticas recorridas. Unas cifras que muestran bien y sin ambages la capacidad de los nuevos submarinos fabricados por la firma Navantia.


Además de ser capaces de llevar a cabo misiones básicas para este tipo de buques, la serie S-80 es mucho más. Dentro de sus características los sumergibles de Navantia aportan vigilancia avanzada, reconocimiento, inteligencia y guerra naval pionera y, por supuesto, un amplio abanico de posibilidades respecto a discreción, autonomía y operaciones especiales. En definitiva, estos submarinos constituyen un elemento de gran valor para la disuasión militar. Nada tiene que ver que tengan una estructura de propulsión convencional, ya que sus prestaciones han sido aplaudidas tanto en el ámbito nacional como internacional. Para el comandante del submarino, capitán de corbeta Fernando Clavijo Rey-Stolle, el Isaac Peral aporta «capacidades mejoradas de obtención de inteligencia respecto a la serie anterior, junto con equipos tecnológicamente avanzados que nos permiten cooperar con otras unidades a mayor distancia y con mayor precisión en la información».


Amplias capacidades

Aparte del buen empeño de Navantia, la incorporación de estos dos submarinos de la serie S-80 a la Armada Española tendrá consecuencias inmediatas. Sus amplias capacidades ayudarán a mejorar la disuasión militar frente a los competidos y posibles enemigos del país. Que España disponga de unas fuerzas navales a la altura es algo imprescindible, sobre todo si miramos hacia el sur, donde Rabat tiene aspiraciones de todo tipo frente a la soberanía española. Por eso, la llegada del S-81 Isaac Peral y del S-82 Narciso Monturiol son, por tanto, una gran incorporación para incrementar el poder que España puede desplegar en el Estrecho de Gibraltar. El mensaje que se lanza con esta travesía conjunta es claro para el reino alauí.
Ahora mismo, y tras la mayor crisis migratoria que ha sufrido España en su historia reciente, los ojos de las fuerzas armadas y de los analistas se posan en el país norteafricano. El competidor directo de España en el frente sur de Europa está echando un pulso con la esperanza de obtener concesiones económicas o aspirar a controlar territorios que jamás han formado parte de su Estado.


Los expertos y analistas señalan que Marruecos, por ahora, no podría sostener un conflicto naval en aguas atlánticas y mediterráneas. Sus fuerzas navales son mucho inferiores (puesto treinta y ocho de acuerdo con el sitio web citado antes). La distancia entre España y Marruecos debe continuar agrandándose para evitar que las autoridades de Rabat tengan intención de usar la fuerza para conseguir lo que no han logrado hasta ahora. El S-81 y el S-82 llegan para ampliar esa brecha.

https://www.larazon.es/espana/dos-mejores-submarinos-espana-envian-mensaje-marruecos_202609196aad6428c2f1e923640ffe12.html

miércoles, 31 de marzo de 2021

Destapamos el S-81, nuevo submarino de España: silencioso, letal, dispara hasta 12 torpedos y misiles





Frontal y uno de los laterales del S-81, el primero de los cuatro submarinos que Navantia entregará a la Armada. Javier Carbajal
Destapamos el S-81, nuevo submarino de España: silencioso, letal, dispara hasta 12 torpedos y misiles
Es la nave más sofisticada de la Armada. Pesa 3.000 toneladas y se construye en Cartagena. EL ESPAÑOL lo visita en exclusiva. 28 marzo, 2021 01:59

Andros Lozano @AndrosLozano Cartagena (Murcia)


Sobre un inmenso andamio de hierros entrecruzados se aposenta el vientre de acero de un coloso de 81 metros de eslora. Es el submarino más ansiado por la Armada española. Puesto en pie, sería más alto que la Torre de Pisa y algo menos que el Big Ben. Sigiloso -casi imperceptible para el enemigo- y letal en la batalla. Puede lanzar misiles a objetivos en tierra o instalar minas inteligentes en los fondos marinos.

Estos días encara su puesta a punto final: soldaduras, conexiones de cableado... Un sinfín de atareados operarios que cruzan tornos y suben escaleras aquí y allá trabajan a contra reloj dentro de una nave ultraprotegida del astillero que Navantia tiene en Cartagena (Murcia).



Existe tal secretismo en torno a este batiscafo que cuando el fotógrafo vuela el dron, alguien, algo, no se sabe bien qué, lo bloquea e impide que el artefacto supere los 10 metros de altura.


El pasado martes, EL ESPAÑOL accedió en exclusiva durante unas horas a la fortaleza de uno de los batiscafos más modernos del planeta -sino el que más-, el cual pone a la ingeniería naval española a la vanguardia mundial y dota al Ministerio de Defensa de un preciado recurso armamentístico.








En apenas dos o tres semanas, el submarino S-81 Isaac Peral, una de las armas de guerra más disuasorias del planeta, por fin tocará el mar para someterse a sus últimas pruebas. Desde entonces, y hasta finales de año, permanecerá en el muelle del puerto.

Luego, será sometido a diferentes test en mar abierto. Después, se entregará a la Armada española. En su interior transportará hasta 12 armas largas y seis tubos lanzatorpedos con los que se podrá disparar misiles tácticos como los Tomahawk o torpedos guiados por fibra óptica.

La distancia de alcance del submarino es casi un secreto de estado. Su capacidad de inmersión, también, aunque va más allá de los 300 metros. Si un magnate decidiera comprarse uno similar, aunque sin munición, tendría que pensárselo dos veces. Su precio ha alcanzado los casi 1.000 millones de euros. Julio Verne, autor de Veinte mil leguas de viaje submarino, quedaría maravillado si lo viera desde los pies de la estructura que ahora lo sostiene. Quizás hubiera querido que su Nautilus se pareciera a este.





Así es el S-81, el ansiado submarino que Navantia produce para la Armada. Javier Carbajal

Este submarino tiene capacidad para desarrollar misiones en cualquier mar u océano del mundo, puede albergar una dotación militar de hasta 40 personas y jubila a las unidades que por el momento ha usado la Armada, los S-7O, de diseño francés.

El proyecto se ha hecho esperar. La primera de las cuatro unidades encargadas debió entregarse a la Armada en 2012. Finalmente, se hará entre finales de 2022 y principios de 2023, con una década de retraso y tras casi 4.000 millones de inversión total, cuando el presupuesto inicial era de 2.150.

Pese a todo, España conseguirá un doble hito: desligarse de terceros a la hora del diseño de sus propios submarinos -hasta ahora se había ido de la mano de Francia- y entrar en el selecto club de países con capacidad propia tanto de creación como de producción.

Desde ya, Rusia, China, EEUU, Alemania o Corea del Sur son los competidores directos que Navantia, empresa de capital público español, tiene en el exigente mercado internacional del sector.


Accedemos a la nave

La nave de Navantia a la que acceden los reporteros de este periódico alberga desde hace semanas los dos primeros submarinos que recibirá la Armada. El S-81 ya luce en una sola pieza, producto de soldar los cinco segmentos de unos 20 metros de longitud cada uno en que se subdividió durante la fase de producción.

El acceso al batiscafo está prohibido. Que se hiciera pública una imagen de su interior podría provocar un plagio por parte de ingenieros navales de otros países. Al fotógrafo se le impide usar una foto de detalle que ha tomado a la parte superior del sumergible. Los responsables del proyecto tampoco muestran la hélice, que se encuentra cubierta con lonas. Para ellos resulta crucial que no trascienda su diseño.

“Uno de los motivos por los que el S-81 es tan sigiloso es el diseño de la hélice”, explica mientras caminamos por las instalaciones de Navantia Germán Romero, director de ingeniería del astillero de Cartagena.

“Normalmente, es un elemento que en cualquier embarcación genera vibración y ruido. Nosotros hemos conseguido reducirlo muchísimo. Este submarino es difícilmente perceptible, algo clave para el cliente. Estamos en la vanguardia del sector”.


Germán Romero, director de ingenieros del astillero murciano, este pasado martes. Javier Carbajal

A una treintena de metros del S-81 se encuentra el S-82 Narciso Monturiol, que todavía está dividido en segmentos. Como en una colonia de laboriosas hormigas, en estas instalaciones trabajan a diario alrededor de 2.000 personas. De día y de noche. Da igual que sea madrugada o haya 40 grados de temperatura.

La jornada se divide en tres turnos para que la actividad nunca cese. Hay soldadores, caldereros, tuberos, mecánicos, pintores, ingenieros, inspectores de calidad… Al visitante le da la impresión de estar ante una pequeña Gran Vía madrileña. El mero hecho de organizar este caos ya resulta un triunfo.

“Resulta un reto para nosotros saber que estamos cerca de conseguir una hazaña para los astilleros españoles”, explica Antonio Guitiérrez, jefe de producción de los submarinos. “Yo he visto nacer el proyecto. Ver salir de aquí en poco tiempo al primero de los submarinos será una satisfacción. Este es un esfuerzo colectivo en el que mucha gente se ha volcado”.
8.000 km. de costa

Hasta el momento, el Estado ha desembolsado 3.907 millones para fabricar las cuatro unidades de la serie S-80, como se llamó el proyecto. El S-81, que durante lo que resta de año estará en puerto y en 2022 saldrá a mar abierto, ha de entregarse en febrero de 2023, aunque quizás se haga antes.

La Armada recibirá el S-82 en diciembre de 2024. El S-83 Cosme García, en octubre de 2026. El S-84 Mateo García de los Reyes, en febrero de 2028. “Estos plazos se consideran realistas, cumplibles y de bajo riesgo”, sostiene Defensa.

El asunto de la disuasión armamentística y la inteligencia militar no es baladí. España cuenta con casi 8.000 kilómetros de costa, está bañada por el mar Mediterráneo y el océano Atlántico -dos hipotéticos escenarios bélicos- y tiene al sur el Estrecho de Gibraltar, por el que circulan alrededor de 82.000 buques al año y un gran volumen de submarinos, algunos de ellos nucleares.

En un cable de Wikileaks, EEUU advirtió de la importancia del Estrecho como uno de los lugares cruciales para la geoestrategia mundial. En la actualidad, países vecinos cuentan con una notable dotación de sumergibles en activo. Francia dispone de 10. Argelia, de seis. Portugal, de dos. La Armada sólo cuenta con el Tramontana (S-74), que ya debería estar en desuso, y con el Galerna (S-71), en taller hasta finales de año para su reparación.

Fuentes oficiales de la Armada destacan del submarino que construye Navantia "la posibilidad de lanzamiento de misiles antibuque y de ataque selectivo a objetivos en tierra, y su gran discreción, principal virtud por su contribución directa a la disuasión".

Con estas nuevas cuatro adquisiciones la Armada seguirá contribuyendo a las operaciones de la OTAN y la UE "con unos medios modernos, eficaces y compenetrados".




En torno a 2.000 personas trabajan a diario en el astillero de Cartagena para poder entregar en plazo la primera unidad de la serie S-80. Javier Carbajal


Las cifras del proyecto

Presupuesto: 3.907 millones de euros

Unidades adquiridas por la Armada (Ministerio de Defensa): 4

Carga de trabajo: 2.000 empleos directos + 7.000 indirectos

Eslora: 81 metros

Diámetro del casco: 7,3 m.

Desplazamiento en inmersión: 2.965 toneladas.

Autonomía: 50 días

Tripulación: 32 + 8 fuerzas especiales

Velocidad en superficie: 10 nudos

Velocidad en inmersión: 19 nudos

Capacidad de munición: 12 armas largas y 6 tubos lanzatorpedos.

Tipo de munición: Torpedos DM2A4, misiles Sub-Harpoon y minas navales inteligentes.

Otras características: registros acústicos muy reducidos; detección acústica pasiva de alto rendimiento; sistema AIP de propulsión (reformador bioethanol + pila de combustible).
Ruptura con Francia


En 2004, con Federico Trillo (Cartagena, 1952) al frente del Ministerio de Defensa, se autorizó que en el astillero de Navantia de su ciudad natal se iniciaran los trabajos para desarrollar este sumergible. La Armada española necesitaba relevar a sus cuatro submarinos de la serie S-70.

El país, con una larga tradición en la producción de artefactos navales, carecía de experiencia en su diseño. Siempre habían sido ingenieros franceses quienes trazaban las líneas maestras, como en las series S-70 y Scorpène, predecesoras del batiscafo que está en construcción. Ellos hacían los planos y los 'curritos' españoles fabricaban el sumergible.




En la nave a la que accede EL ESPAÑOL hay partes todavía sin ensamblar del S-82. Javier Carbajal



Hasta 2009, España mantuvo un acuerdo con el país vecino para desarrollar submarinos y venderlos después a terceros países. Los ingenieros franceses los diseñaban y desarollaban, y los astilleros españoles los construían. Así se llegó a acuerdos comerciales con Chile o Malasia, a quienes se vendió el Scorpène, una serie que la Armada nunca ha usado.

Pero aquella ruptura abrupta con Francia acabó en un juzgado. El país vecino denunció por plagio a España en mayo de 2009 ante el Tribunal de Arbitraje de París. Finalmente, ambos países acabaron resolviendo la disputa de manera amistosa.
La fecha clave

En febrero de 2020, el capitán de fragata Alfonso Carrasco Santos dijo que “el astillero no fue lo suficientemente crítico con sus verdaderas posibilidades como constructor en solitario”.

Se refería, en gran medida, a los problemas técnicos con los que Navantia se topó siete años antes, en 2013. Al introducir los diferentes sistemas que iba a incorporar el submarino, los ingenieros españoles se encontraron con un sobrepeso de 125 toneladas. Un exceso considerable si se se compara con las alrededor de 3.000 toneladas totales del S-81.




Tablón en el que los operarios que trabajan en el S-81 dejan sus tarjetas para pasar los tornos de seguridad. Javier Carbajal



Este hecho provocó que Navantia tuviera que recurrir a la US Navy y, a su vez, a Electric Boat, el mayor fabricante mundial de submarinos, que le cobró 14 millones por reconducir el proyecto. Se tuvo que alargar la eslora en diez metros (de 71 a 81 m.) para compensar el sobrepeso.

"Fue un momento clave en el devenir del proyecto. Tuvimos que parar y sentarnos a valorar qué hacíamos", admite Ignacio Núñez, jefe de la oficina de programas de Navantia en Cartagena.

"O decidíamos no continuar con lo que teníamos en mente y con las características que habíamos pensado, o seguíamos adelante con los cambios que se exigían y sabiendo que los plazos se dilatarían. Optamos por la segunda opción. Ahora vemos que fue un acierto".




Ignacio Núñez, jefe de la oficina de programas de Navantia en Cartagena (Murcia), el pasado martes. Javier Carbajal


Sistema AIP

Al poder armamentístico que la serie S-80 proporciona a la Armada se une la capacidad de estos submarinos en el terreno de la inteligencia militar. En su interior lleva integrados varios sonares ultrapotentes que permiten interceptar sonidos desde larga distancia.

Otro de los grandes avances de la serie S-80 es su sistema de propulsión anaeróbico AIP (Air Independent Propulsion), que permite períodos de inmersión de hasta 21 días sin necesidad de salir a flote. También se ha pensado en mejorar la habitabilidad de la instalación con respecto a los S-70. Cada militar tendrá su propia litera y se ha instalado un juego de luces que simulará de una manera más certera la noche y el día.

“Cuando lo botemos, seguramente será el submarino más avanzado y más sigiloso del mundo”, explica Germán Romero, director de ingenieros del astillero murciano. “En este sector hay una carrera por ser el mejor y Navantia ha entrado de lleno en ella”.

En julio de 2019, Navantia presentó una oferta al concurso abierto por India para adquirir seis submarinos. Se trata de un proyecto por el que se compraría el diseño del S-80, pero la construcción se dejaría en manos de los astilleros locales.

Según distintos medios indios, se trata de una inversión que ronda entre los 6.300 y los 7.000 millones de euros. En la empresa española cruzan los dedos para llevarse la adjudicación y comenzar a rentabilizar un programa que pareció torcerse a mitad de camino pero que ha situado a la ingeniería española en la cúspide del mercado internacional de batiscafos.


https://www.elespanol.com/reportajes/20210328/destapamos-s-81-submarino-espana-silencioso-dispara-torpedos/569193654_0.html

martes, 16 de marzo de 2021

El submarino S-81 estará en el agua a mediados del próximo mes de abril






13/03/2021 -


CARTAGENA. A mediados del mes de abril, el primero de los cuatro submarinos de la serie S-80, el denominado Isaac Peral se pondrá a flote. Aunque ni desde Defensa ni desde Navantia han dado una fecha exacta, algunos ya han marcado en rojo la del jueves 15 de abril, como un momento clave en la historia de la Armada española que irá acompañada, ineludiblemente con la del astillero cartagenero, que es donde se están fabricando los cuatro nuevos sumergibles.

Recordemos que las fechas han ido cambiando motivadas por la pandemia. Los retrasos han supuesto, por tanto, que la Armada no pueda tener disponible la primera unidad hasta febrero del año 2023. El resto de submarinos tienen programadas sus fechas de entrega para diciembre 2024 (S-82), octubre 2026 (S-83) y febrero 2028 (S-84).

Tras la puesta a flote el próximo mes del Isaac Peral, se harán pruebas en el puerto y también en el mar al menos durante un año. Ochenta días de navegación en el mar es un paso ineludible para comprobar que los sistemas y los equipos instalados en el S-81 marchan a la perfección.

En noviembre se llevaron a cabo los controles y pruebas necesarios para la puesta en tensión del submarino S81 Isaac Peral superando así su primer hito de seguridad. La puesta en tensión constituye el primer momento en que se energiza eléctricamente el buque.
El sistema de propulsión AIP tendrá que esperar

Uno de los grandes atractivos de esta serie S-80 es el sistema de propulsión AIP. Los submarinos convencionales requieren realizar operaciones de snorkel diarias para recargar sus baterías con motores diésel, lo que les hace vulnerables a la detección y ataque. El Sistema AIP minimizará esta indiscreción al recargar las baterías del submarino en inmersión con una pila de combustible, que emplea hidrógeno producido mediante procesado de bioetanol y oxígeno para generar energía eléctrica, permitiendo navegar al submarino semanas sin salir a superficie.

No obstante, el primer submarino que dispondrá de este sistema operativo será el S-83, Cosme García, donde se embarcará en julio de 2021. Los submarinos S-81 y S-82 serán reacondicionados en su primera gran inmovilización para dotarlos de este sistema.


La evolución y la construcción de los sumergibles supone situar a España situarse en el 'top ten' de países capaces de construir armas submarinas de este calibre. "España vuelve a jugar en una categoría superior de la guerra naval submarina", indicaba el capitán de navío Alejandro Cuerda meses atrás. Además, la posibilidad de contar con una nueva flota de submarinos ayuda al país de nuevo a recuperar la superioridad en el mar en algunas zonas, como en el mediterráneo sur.

La serie S80 se articula en una plataforma y un sistema de combate con un alto grado de componente nacional. Junto a Navantia, figuran como subcontratistas empresas españolas como Indra, Saes, Sainsel, Gamesa, Abengoa, Navantia Sistemas, Inmapa y Tecnobit, entre otros.

La construcción de los cuatro submarinos supone, como mínimo, unos 8 millones de horas directas para Navantia (el trabajo de 500 personas durante 11 años) y 9 millones de horas en la industria auxiliar. El astilero invertirá 1.250.000 horas/hombre de ingeniería. Todo esto propicia 2.350 empleos, de los que 500 son directos, 570 indirectos y 1.280 inducidos.

https://murciaplaza.com/el-submarino-s-81-estara-en-el-agua-a-mediados-del-proximo-mes-de-abril

viernes, 13 de noviembre de 2020

NAVANTIA S-80 PLUS SUBMARINE UNO DE LOS CANDIDATOS PARA EL PROGRAMA INDIAN MOD P75I







Según información difundida en la cuenta de Facebook de Navantia el 6 de noviembre de 2020, el Director de Navantia India, Fernando Formoso Freire, ha participado en una mesa redonda sobre la industria naval este lunes 9 de noviembre de 2020. El evento ha sido organizado por el grupo editorial India Today, que es una de las plataformas de medios más importantes de la India.


Navantia presenta su diseño de submarino Clase S80 Plus para dar respuesta al programa Indian P75I lanzado por el Indian MoD (Ministerio de Defensa) para la adquisición de seis submarinos convencionales con AIP (Propulsión independiente del aire). En enero de 2020, el sitio web de Livefist Defense anunció que el Ministerio de Defensa de la India preseleccionó a dos astilleros indios y cinco fabricantes de submarinos extranjeros para el programa de construcción de submarinos Project 75-India (P75I) que prevé la construcción de 6 submarinos de ataque de nueva generación en la India a un costo. de más de $ 6.3 mil millones.


La experiencia de Navantia en India como constructor de submarinos tiene el precedente de seis unidades Clase Scorpene. Este programa fue desarrollado junto con el Grupo Naval Francés (antes DCNS) y el astillero CDM de Mumbai


Los dos astilleros locales que fueron preseleccionados son el grupo L&T de propiedad privada y MDL de propiedad estatal. Las cinco empresas de defensa extranjeras son Daewoo Shipbuilding and Marine Engineering DSME (Corea del Sur), Navantia (España), Naval Group (Francia), Rubin Design Bureau (Rusia) y ThyssenKrupp Marine Systems TKMS (Alemania).


La clase S-80 Plus (o clase Isaac Peral) es una clase española de cuatro submarinos en producción por la empresa española Navantia en su astillero de Cartagena para la Armada Española. Navantia espera entregar el primer S-80 Plus a la Armada española en 2021.


El sistema de propulsión independiente del aire (AIP) del S-80 se basa en un procesador de bioetanol que consta de una cámara de reacción y varios reactores Coprox intermedios. Proporcionado por Hynergreen de Abengoa, el sistema transforma el bioetanol (BioEtOH) en hidrógeno de alta pureza. La salida alimenta una serie de pilas de combustible de la empresa UTC Power.


Los submarinos de la clase S-80 Plus tienen un desplazamiento a plena carga de 3200 toneladas, una longitud total de 81,05 m (265,9 pies), una manga de 11,68 m (38,3 pies) y un calado de 6,20 m (20,3 pies). Con una velocidad de crucero de 12 nudos, los submarinos de la clase S-80 Plus ofrecen un alcance de 8.000 millas náuticas. El submarino tiene capacidad para 32 personas (más 8 tropas).


El submarino clase S-80 Plus está equipado con tubos de torpedos de 6 × 533 mm con torpedos DM2A4 y misiles Harpoon.


http://www.indiandefensenews.in/2020/11/navantia-s-80-plus-submarine-one-of.html

jueves, 30 de julio de 2020

Submarino S-80, escándalo silenciado: 4.000 millones gastados y sigue sin navegar

Por Grupo Tortuga Publicado el Jul 28, 2020
La Armada plantea aumentar el pedido de submarinos S-80
Era el gran proyecto de la Armada española. Con él se iba a renovar la flota de submarinos y proteger toda la costa del país de posibles ataques militares. También era la bandera con la que salir al mercado internacional para el astillero que Navantia tiene en Cartagena (Murcia). El S-80, el mejor submarino del mundo, aseguraban los directivos de la empresa pública española.

Pero ocho años después de que Navantia tuviera que haber hecho entrega del primer sumergible a la Armada, su construcción sigue en proceso, se han dilapidado cerca de 4.000 millones de euros y España sigue sin tener ni un sólo contrato de venta cerrado con terceros países.

Hace ahora siete años -el ya lejano 27 de junio de 2013-, la por entonces diputada de UPyD Irene Lozano, hoy en las filas del PSOE y presidenta del Consejo Superior de Deportes (CSD), presentó una batería de preguntas en el Congreso de los Diputados cuestionando al Ministerio de Defensa acerca de un controvertido proyecto de Navantia, la sociedad pública española dedicada a la construcción naval civil y militar.

En sus preguntas se refería a los trabajos de ejecución del submarino S-80 que, pese a contar ya con un presupuesto de 2.136 millones de euros, acumulaba años de retrasos y sobrecostes en su ejecución.

De haberse cumplido los plazos previstos al inicio del programa de construcción, la primera de las cuatro entregas del S-80 a la Armada española debía haberse ejecutado en 2012. Irene Lozano preguntó al ministro de Defensa en ese momento, Pedro Morenés, del PP, si iban a depurarse responsabilidades en Navantia y en la Armada por “los errores cometidos” en la fabricación del submarino, los cuales habían retrasado el programa y ocasionado un «sobreprecio difícil de valorar».

La exdiputada de UPyD planteaba sus preguntas debido a que, en fechas anteriores próximas a aquel junio de 2013, Navantia había desvelado errores en el diseño del submarino que suponían una desviación del peso de unas 125 toneladas. Unos gramitos de nada que impedían que el sumergible saliera a flote en el alta mar.





Astillero de Navantia en Cartagena (Murcia).



La otra opción, que nadie contemplaba, era dejarlo morir. Así, de las arcas del Estado ya han salido 3.907 millones. Cada uno de los cuatro ejemplares que la Armada encargó a Navantia tendrá un coste final que rozará los 1.000 millones.

Esta cifra es casi cuatro veces superior a la partida extraordinaria de 1.056 millones que el actual Gobierno va a destinar en ayudas directas a la ciencia y a la investigación en 2020 y 2021; es más del doble de los 1.900 millones que Educación va a usar este año para el pago de becas y ayudas al estudio, y son 907 millones más de los 3.000 que el Ejecutivo calcula destinar anualmente al abono del Ingreso Mínimo Vital, presentado como un hito social para decenas de miles de familias no pasen hambre.



Escándalo silenciado

Pese a que este escándalo nunca ha suscitado polémica o debate social en España, de él surgen una serie de cuestiones a responder. ¿Han escuchado alguna vez de boca de algún político y con cierta insistencia que este sea uno de los mayores ejemplos de dilapidación de dinero público del último cuarto de siglo en España?

Seguramente no, porque los sucesivos gobiernos de los dos grandes partidos del país, PP y PSOE, se han visto obligados a inyectar partidas millonarias para salvar el proyecto. A ninguno le interesaba romper ese pacto de no agresión en torno al S-80 y a Navantia, una empresa de capital público con intereses a nivel internacional.

¿Se han planteado ustedes en algún momento por qué ningún sindicato ha levantado la voz en exceso? No lo han hecho porque el flujo de dinero no ha dejado de entrar desde principios de la década pasada en el astillero que Navantia tiene en Cartagena, donde se construyen los S-80 Plus.

Las protestas más duras en los últimos años las han protagonizado los empleados de astilleros de San Fernando y Puerto Real (Cádiz), o de El Ferrol (La Coruña), para pedir nueva carga de trabajo.

Cuando los trabajadores de Navantia en distintos puntos del país salían a la calle, se enfrentaban a la Policía y cortaban carreteras o quemaban ruedas, los de Cartagena secundaban las protestas con simples paros de algunas horas en su jornada diaria.

Y la última cuestión. ¿Tendrá algo que ver en los sobrecostes y los retrasos que el director del proyecto del citado submarino y, a su vez, del astillero murciano, Agustín Álvarez Blanco, falseara su currículo ante Navantia durante 30 años al asegurar que era ingeniero naval? Agustín Álvarez carece de titulación universitaria. Le faltó presentar el trabajo final de carrera para obtenerla.

EL ESPAÑOL desveló la noticia en noviembre de 2018. En ese momento, Navantia dijo que iba a relevar a Álvarez Blanco pero que “en ningún caso” su falta de titulación universitaria había afectado ni tenido “consecuencias directas sobre el cometido que ha venido desempeñando dicho directivo».



Idea de Trillo

En febrero de 2020, el capitán de fragata Alfonso Carrasco Santos, que fue uno de los principales responsables del control de la Armada sobre el proyecto de los S-80, publicó un artículo en la Revista General de Marina. Lo tituló ¿Quo vadis FLOSUB?, en referencia a la flotilla de submarinos de que dispone España en la actualidad.

Carrasco Santos critica de forma sibilina que el Ministerio de Defensa autorizara en 2004, con el murciano Federico Trillo todavía al frente, que en el astillero de Navantia en Cartagena (Murcia) se iniciaran los trabajos para desarrolar el sumergible.

Fue una “decisión muy valiente y a la vez audaz (…) al apostar por este astillero español que no había construido submarinos en solitario en la era moderna, ya que siempre lo había hecho con la ayuda de los franceses como socios tecnológicos”. Las anteriores series, la S-70 y la Scorpène, habían contado con el diseño de ingenieros navales galos.


Pero unas líneas más abajo, este capitán de fragata añade: “Esta decisión en mi opinión fue arriesgada al apostar por un astillero con experiencia más que probada en la construcción de buques de superficie, pero con poca en la complicada tarea de fabricar artilugios [se refiere a submarinos] tan complicados y sin el apoyo de un socio tecnológico. Creo que tanto la Armada como Navantia se dejaron llevar por el optimismo del éxito del programa Scorpène (de la empresa francesa DCNS) y el astillero no fue lo suficientemente crítico con sus verdaderas posibilidades como constructor en solitario al desligarse de los franceses”.

Alfonso Carrasco Santos ponía el foco en el origen del proyecto. Hasta 2009, España mantuvo un acuerdo con Francia para desarrollar submarinos y venderlos después a terceros países. Los ingenieros franceses los diseñaban y desarollaban, y los astilleros españoles los construían. Así se llegó a acuerdos comerciales con Chile o Malasia.

Pero en 2003, cinco años años antes, Navantia había decidido ir por libre con el S-80. Federico Trillo, nacido en Cartagena en 1952, se puso una medalla en su tierra. Pensó que los ingenieros y operarios del astillero de su ciudad natal serían capaces de hacer el trabajo completo, desde idear el proyecto hasta botar el submarino.

“Para que nos los diseñen los franceses, los hacemos nosotros y nos llevamos todos los beneficios”, cuenta una fuente a este periódico acerca de lo que solía decir el exministro de José María Aznar allá por 2003.

En 2004, la Armada española necesitaba relevar sus tres submarinos de la serie S-70: el Galerna (S-71), el Mistral (S-73), y el Tramontana (S-74). Defensa se puso un objetivo ambicioso: entregar el primer S-80 en 2012. Se vendía como el proyecto que iba a poner al país a la vanguardia mundial en cuanto a la fabricación de este tipo de submarinos.

Pero los problemas no tardarían en llegar. Tras sucesivos retrasos, el gran fiasco llegó en diciembre de 2012. Navantia reconoció que el S-80 pesaba más de la cuenta. Tres años antes, la empresa pública había roto relaciones definitivamente con el astillero francés DCNS, con el que hasta ese momento cofabricaba el Scorpène.

Aquella ruptura abrupta -Francia acabó denunciando a España en mayo de 2009 ante el Tribunal de Arbitraje de París por plagio, aunque ambos países acabaron resolviendo la disputa de manera amistosa- provocó que Navantia tuviera que recurrir a Electric Boat, el mayor fabricante mundial de submarinos, que le cobró 14 millones por reconducir el proyecto. Se tuvo que alargar la eslora en diez metros (de 71 a 80,8) para compensar el sobrepeso, lo que dio pie al nuevo nombre del submarino, S-80 Plus.



Covid y retraso
Harpoon - Wikipedia, la enciclopedia libre
Navantia completó en diciembre de 2019 el ensamblado del primer submarino del programa S-80. La idea era ponerlo a flote en octubre de 2020, hacer las pruebas necesarias y entregar el Isaac Peral a la Armada española en septiembre de 2022. El segundo, S-82 Narciso Muntiorol, en mayo de 2024. El S-83 Cosme García, en marzo de 2026. Y, por último, el S-84 Mateo García de los Reyes, en julio de 2027.

No está previsto que ninguno incorpore misiles de crucero Tomahawk, pero sí Harpoon Block II, lo que les dará una capacidad de ataque a tierra. El Cosme García será el primero que incorpore el sistema de propulsión AIP, independiente del aire y gracias al cual prolongará el tiempo de inmersión y convertirá al sumergible en uno de los submarinos convencionales más discretos del mundo.

Y en esto llegó la pandemia. La crisis generada por el coronavirus ha provocado un retraso acumulado de seis meses más en la construcción y entrega de los nuevos submarinos. La Armada no podrá disponer de la primera unidad hasta el primer trimestre del año 2023. El almirante jefe de Estado Mayor de la Armada, Teodoro López Calderón, lo reconoció en una videoconferencia organizada por Executive Forum el pasado 6 de junio.



Un solo submarino

No es la única mala noticia para la Armada en los últimos meses. El retraso de más de diez años en la entrega del primer submarino de la clase S-80 Plus, prevista para 2012, ha conllevado que España se haya quedado con un solo ejemplar operativo, cuando en la década pasada contaba con hasta cuatro. La noticia la desveló El País hace tres semanas.

Dos se han dado ya de baja, el Mistral y el Siroco. Otro, el Galerna, diseñado por ingenieros franceses en los años 70, está en reparación hasta finales de 2021. Sólo el Tramontana se encuentra en activo, aunque también debería estar ya en desuso.

Los retrasos en la construcción del S-80 y la paralización de las inversiones en Defensa entre 2008 y 2018 han dejado a la Armada casi al descubierto. No se trata de un asunto baladí: España cuenta con casi 8.000 kilómetros de costa, está bañada por el mar Mediterráneo y el Atlántico -dos hipotéticos escenarios bélicos- y tiene por el sur el Estrecho de Gibraltar, por el que circulan alrededor de 82.000 buques al año y un gran volumen de submarinos, algunos de ellos nucleares.

En un cable de Wikileaks, EEUU advertía de la importancia estratégica del paso como uno de los lugares más importantes para la geoestrategia mundial. En la actualidad, países vecinos cuentan con una notable dotación de sumergibles en activo. Francia dispone de 10. Argelia, de seis. Portugal, de dos.



«Ningún contrato»

Pero si lo esencial ahora es la entrega lo antes posible de los cuatro sumergibles que la Armada espera desde 2012, el objetivo siguiente de Navantia es vender el S-80 Plus a terceros países. Por el momento, según fuentes de la empresa pública, “no hay cerrado ningún contrato”.

El cartel con el precio que España va a acabar pagando por cada submarino, que según Navantia es “el único AIP de 3000 toneladas actualmente en construcción en todo el mundo”, no es el mejor reclamo para salir a la venta: el coste en el mercado internacional de sumergibles similares oscila entre los 400 y los 600 millones de euros, entre un 40 y 60% más baratos.

En julio de 2019, Navantia presentó su oferta al concurso abierto por India para adquirir seis submarinos. En la empresa española cruzan los dedos para llevarse la adjudicación. Se trata de un proyecto por el que se compraría el diseño del S-80 Plus, pero la construcción se dejaría en manos de los astilleros indios.

A la espera de mejor suerte, a finales del año pasado Navantia ya se quedó fuera de la terna de países que competían por hacerse con el contrato de construcción de cuatro nuevos sumergibles para la Marina holandesa. La objeción que se le puso al S-80 para rechazarlo era que el modelo todavía no se había probado. De nuevo, los retrasos de tantos años suponían la pérdida de un hipotético ingreso multimillonario.



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