viernes, 18 de septiembre de 2026

Masacre de Sabra y Chatila: 44 años sin responsables juzgados



Fuentes: Al Mayadeen [Foto: 44 años de impunidad de la masacre de Sabra y Chatila (AP, 1982)]


Cuarenta y cuatro años después de la matanza, sigue sin haber una cifra cerrada, una lista completa de nombres ni condenados. Los sobrevivientes volvieron a pedir justicia esta semana.


En Chatila hay un solar con un muro bajo y una piedra con letras. No es un cementerio con calles y cipreses; es un terreno apretado contra el campamento, con los cables de la luz colgando en madeja por encima de las cabezas y el ruido de los generadores de fondo. Debajo de esa tierra hay gente. Cuántos, exactamente, nadie lo sabe.

Cuarenta y cuatro años después de una de las matanzas más documentadas del siglo XX, no existe una cifra cerrada. Ni una lista completa de nombres. Ni una sentencia.

Esta semana la Fundación Palestina Al-Awda y la organización Thabit por el Derecho al Retorno convocaron allí una concentración popular bajo un lema que no necesita explicarse: «Sabra y Chatila: una herida que no cicatriza». Vinieron familiares, sobrevivientes, vecinos de un lugar que sigue siendo campamento. Y volvieron a pedir lo de cada septiembre: verdad, memoria y justicia.
¿Por qué no hay un número?

La ausencia de cifra no es un descuido de los archivos. Es parte del genocidio perpetrado por Israel.

Cuando terminó la matanza, muchos de los cuerpos no fueron levantados uno a uno, identificados y registrados. Fueron empujados con excavadoras junto con los escombros de las casas que habían sido derribadas encima de sus dueños, y enterrados en fosas sin marcar. Hubo familias enteras que desaparecieron. Hubo gente que se llevaron viva y de la que no se volvió a saber.

Por eso los cálculos nunca coincidieron. La Cruz Roja Internacional calculó un rango de entre mil 700 y tres mil 500 fallecidos. Otros recuentos mencionan los dos mil.

De ahí que las organizaciones palestinas en Líbano insistan cada año en recoger los nombres. Registrar a los que faltan, grabar los testimonios de los sobrevivientes, dejar por escrito quién era cada uno antes de ser un número aproximado. Es la única parte del expediente que todavía está a tiempo de completarse, y depende de personas muy mayores.
La cláusula número dos

Entre el 16 y el 18 de septiembre las milicias de la derecha cristiana libanesa, en coordinación con la ocupación israelí, masacraron a miles de personas en aquel lugar.

Los atacantes justificaron la acción con el pretexto de atacar a la Organización para la Liberación de Palestina, una jornada después del asesinato del jefe de la milicia falangista Bashir Gemayal.

Desde el 16 de septiembre y al 18 de ese mes los criminales iluminaron los campamentos con bengalas, convirtiendo la zona en una fosa común al aire libre. La gran mayoría de las víctimas eran palestinos desplazados.
Una comisión, un ascenso, ningún condenado

En diciembre de 1982 la Asamblea General de la Organización de Naciones Unidas calificó la matanza de «acto de genocidio».

En Israel la Comisión Kahan estableció una fórmula que todavía se repite: responsabilidad «directa» de los falangistas y responsabilidad «indirecta» de «Tel Aviv» como potencia ocupante. Señaló a Ariel Sharon, entonces ministro de Defensa, por haber autorizado la entrada de las milicias y no haber impedido lo que era enteramente previsible.

Sharon dejó la cartera de Defensa en 1983. En 2001, impunemente, fue elegido primer ministro.

Ese mismo año, un grupo de sobrevivientes intentó la vía de la jurisdicción universal ante los tribunales de Bélgica. La causa se deshizo por la vía política y legislativa. El jefe miliciano que se había ofrecido a declarar, Elie Hobeika, murió en Beirut en enero de 2002, en un atentado con coche bomba, semanas antes de viajar.

El balance de cuarenta y cuatro años cabe en una línea: una comisión que repartió adjetivos, un ministro que ascendió, un testigo muerto y ni una sola persona juzgada.

La Comisión 302 para la Defensa de los Derechos de los Refugiados lo recordó estos días con la única fórmula que queda: el paso del tiempo no anula el crimen ni extingue el derecho de las víctimas y sus familias a saber qué ocurrió y a que alguien responda. Estos crímenes no prescriben.
La carnicería de Israel se trasladó a Gaza

El aniversario de este año no se conmemora en un museo. Se conmemora mientras la misma mecánica funciona en tres lugares a la vez.

Gaza. Desde el 7 de octubre de 2023, la agresión israelí contra la Franja ha dejado 73 mil 795 mártires y 174 mil 869 heridos, según las cifras actualizadas del Ministerio de Salud palestino. La inmensa mayoría, mujeres y niños.

El alto el fuego entra en su día 341 y no ha detenido los crímenes. Desde que se firmó, el 11 de octubre de 2025, se cuentan mil 381 muertos y cuatro mil 757 heridos más, y 831 cuerpos recuperados de las zonas de las que se retiraron las tropas. Solo en las últimas veinticuatro horas: seis muertos y setenta y un heridos.

Y hay una frase del parte diario del Ministerio de Salud que en Chatila se entiende sin traducción: sigue habiendo víctimas bajo los escombros y en las calles a las que las ambulancias y la defensa civil no consiguen llegar. Cuerpos que no se cuentan. Familias que no saben dónde está el suyo. Es, exactamente, el crimen de 1982 repetido con otra tecnología.

Cisjordania. Lejos de las cámaras, el otro territorio ocupado lleva su propia contabilidad. En lo que va de 2026 y hasta finales de agosto, 79 palestinos fueron asesinados —19 de ellos niños— y unos mil 870 resultaron heridos por fuerzas israelíes o por colonos, según la Oficina de Naciones Unidas para la Coordinación de Asuntos Humanitarios. De esas muertes, 23 fueron a manos de colonos, además de más de mil 40 heridos.

El ritmo de heridos causados directamente por colonos pasó de uno cada tres días en 2020 a dos diarios en 2025 y a más de tres diarios en 2026. La ONU ha documentado más de mil 430 incidentes de colonos en unas 260 comunidades palestinas, y unos tres mil 800 desplazados este año por violencia, demoliciones y desalojos; casi la mitad, niños.
Líbano. Cuarenta y cuatro septiembres más tarde

Un acuerdo marco firmado el 26 de junio debía frenar las hostilidades. Beirut ha contabilizado desde entonces cerca de siete mil 700 violaciones israelíes. Los ataques contra Líbano acumulan más de cuatro mil 380 muertos y unos 12 mil 400 heridos desde el 2 de marzo, con más de un millón de desplazados.

La madrugada del 7 de septiembre, la aviación israelí destruyó un edificio residencial de tres plantas en Kfar Rumman, distrito de Nabatieh. El bloque cayó sobre la gente que dormía dentro: once muertos, entre ellos cuatro mujeres y dos niños, varios de una misma familia. Horas después, un dron atacó un vehículo civil en la misma localidad y asesinó a paramédicos de la Asociación Islámica Al Resala que habían acudido a auxiliar. En tres días de ofensiva, el Ministerio de Salud libanés contó 27 muertos y 69 heridos.

Un edificio derribado encima de sus habitantes. Socorristas pedían auxilio mientras recogían heridos. A unos cuantos kilómetros de la fosa común de Chatila, y cuarenta y cuatro septiembres más tarde.
El dolor que se hereda

Los que se juntaron esta semana ante el monumento ya no son, en su mayoría, los que estuvieron allí. Son sus hijos y sus nietos.

Los campamentos palestinos de Líbano siguen siendo campamentos cuatro generaciones después, con derechos limitados, viviendas que no se pueden ampliar y una espera que ya cumplió setenta y ocho años.

Por eso el reclamo de estos días no se agota en la memoria. Junto a la verdad y la justicia, las organizaciones palestinas en Líbano vuelven a poner sobre la mesa el derecho al retorno.

En 1982 los israelíes utilizaron tres días, dos campamentos y unas bengalas. En 2026, una franja entera, una Cisjordania troceada y un sur del Líbano bajo drones.

Las víctimas siguen siendo refugiados, las cifras siguen siendo aproximadas porque nunca fue posible contabilizarlas por completo, y el expediente judicial sigue vacío.

Cada septiembre los familiares regresan a ese solar de Chatila, con sus cables colgando y su piedra con letras. No van a recordar algo que terminó. Van a decir, una vez más, que no ha terminado.



https://rebelion.org/masacre-de-sabra-y-chatila-44-anos-sin-responsables-juzgados/

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