martes, 7 de julio de 2026

F-35 contra KAAN: el duelo entre el caza invisible de Occidente y el coloso turco que quiere redefinir la quinta generación



F-35 vs KAAN: comparativa técnica entre el caza furtivo de Lockheed Martin y el nuevo bimotor turco de quinta generación que Turquía lanzó al aire en 2023.


Publicado:04/07/2026 · 09:00 CEST
Un caza F-35 disparando contramedidas | Foto: Europa Press



Imagina dos aviones de combate que nunca deberían haberse comparado. Uno lleva dos décadas dominando los cielos de la OTAN, con más de 1.000 unidades entregadas a una docena de países aliados. El otro despegó por primera vez en febrero de 2023 desde Ankara, pesa 27.000 kilogramos en carga máxima y lleva el nombre de un sultán otomano. La comparación entre el Lockheed Martin F-35 Lightning II y el TAI KAAN —el caza bimotor de quinta generación desarrollado por Turkish Aerospace Industries— ha pasado de ser un ejercicio de frikis de la aviación a una pregunta con consecuencias presupuestarias reales: en un momento en que Turquía negocia su retorno al programa F-35 del que fue expulsada en 2019, y en que varios países de la OTAN revisan sus flotas ante el rearme global, la pregunta de qué avión elegir deja de ser académica.

España está en una encrucijada ya que apostó por el FCAS europeo, un proyecto que involucra a Alemania y Francia, pero que no sale adelante. La capacidad aérea española puede ser el talón de Aquiles de la defensa nacional. El F-35 fue en su momento candidato para sustituir a los obsoletos F-18 y a los más modernos Eurofighter. El Tai Kaan se ha presentado como una alternativa para suplir con cazas de quinta generación al Ejército del Aire y del Espacio, pero todo sigue en el aire.,


Dos filosofías de combate

El F-35 existe en tres variantes —F-35A para despegue convencional, F-35B para despegue corto y aterrizaje vertical, y F-35C para portaaviones— y todas comparten una velocidad máxima en torno a Mach 1,6 (aproximadamente 1.960 km/h) y un techo de vuelo de unos 15.000 metros, el equivalente a casi el doble de la altura de crucero de un vuelo comercial transatlántico. Su alcance de combate supera los 1.100 kilómetros sin reabastecimiento, y su armamento interno incluye misiles aire-aire AIM-120 AMRAAM y bombas guiadas de precisión JDAM, todo alojado en compartimentos internos para no comprometer su firma de radar. Es, ante todo, un avión diseñado para no ser visto.


Un avión F35 de la RAF, como los que tuvieron que aterrizar de forma imprevista en Galicia

El KAAN apuesta por una filosofía diferente. Sus dos motores —actualmente los turbofan F110-GE-129 de General Electric, pendiente de un motor nacional turco— le otorgan una velocidad máxima declarada de Mach 1,8 y un techo de vuelo en torno a los 13.700 metros. Su alcance de combate estimado supera los 1.000 kilómetros. A diferencia del F-35, el KAAN es un caza de superioridad aérea de mayor envergadura —con una longitud de 21 metros, comparable a un autobús urbano y medio puesto en fila—, diseñado para el combate aéreo ofensivo además de para misiones de penetración. Incorpora tecnologías de sigilo en su diseño, aunque su sección equivalente de radar no ha sido publicada con verificación independiente.
La hoja de cálculo detrás de los aviones

El F-35 es, a estas alturas, el programa de armamento más caro de la historia de la humanidad: su coste total de ciclo de vida supera el billón de dólares —sí, con b— entre desarrollo, producción y mantenimiento. Los inicios del proyecto contaron con numerosos reveses, desde el mal funcionamiento de los sistemas de despegue vertical a una baja fiabilidad, que pusieron en un brete a mandos militares y senadores de Estados Unidos, que a punto estuvieron de dar carpetazo al proyecto.

El precio unitario de un F-35A ronda los 80 millones de dólares en las últimas entregas del Lote 15, aunque el coste operativo por hora de vuelo se sitúa por encima de los 36.000 dólares, una cifra que ha generado fricciones incluso entre los socios del programa. Lo operan ya más de 15 países, entre ellos Estados Unidos, Reino Unido, Israel, Países Bajos, Italia, Noruega, Australia y Japón. España no es operadora ni compradora confirmada del F-35, aunque el debate sobre su adquisición aflora periódicamente en los foros de defensa nacionales ante la progresiva obsolescencia del EF-18 Hornet.

El caza de combate KAAN desarrollado por Turquía

El KAAN, por su parte, es todavía un programa en maduración. Turkish Aerospace Industries ha completado los primeros vuelos de demostración y prevé alcanzar la capacidad operativa inicial a finales de esta década, con un coste unitario estimado —no oficial— de entre 100 y 120 millones de dólares. Turquía aspira a exportarlo a países que buscan independencia tecnológica respecto a Washington, y ha mantenido conversaciones con Arabia Saudí, Pakistán y varios países del Golfo, además de España. El programa recibió un impulso político relevante cuando Erdogan confirmó en 2024 que no renunciaría al KAAN como alternativa estratégica, incluso si se materializara su reincorporación al consorcio del F-35.

En qué es brillante cada uno

El F-35 es, en esencia, un sistema de sistemas. No es solo un avión de combate: es un nodo de inteligencia en vuelo, capaz de fusionar datos de sensores propios y de otros plataformas aliadas para construir una imagen del campo de batalla en tiempo real. Su fortaleza no está en la velocidad ni en la maniobrabilidad en combate cerrado —donde otras plataformas como el F-22 Raptor o el propio Eurofighter le superan—, sino en su capacidad para penetrar defensas aéreas enemigas sin ser detectado y atacar con precisión antes de que el adversario sepa que está ahí. Es el arma de la primera noche, el instrumento para abrir el camino dadas sus capacidades stealth. En la operación para capturar a Nicolás Maduro en Venezuela fueron la punta de lanza de EEUU dando inteligencia y cobertura a los helicópteros y fuerzas especiales que hicieron la extracción del dictador venezolano en Caracas.


Helicópteros Chinook sobre Caracas

El KAAN, en cambio, está concebido para la superioridad aérea clásica en un teatro de alta intensidad: ganar el dominio del espacio aéreo en combate directo, escoltando fuerzas propias o negando el cielo al adversario. Su mayor tamaño permite mayor carga de combustible y armamento externo cuando el sigilo no es la prioridad, y su autonomía estratégica —no depende de cadenas de suministro occidentales para sus versiones futuras— es precisamente su argumento de venta para mercados que no quieren verse sujetos a las condiciones políticas que acompañan a los aviones estadounidenses.
La cara B: lo que no aparece en el folleto

Ninguno de los dos es perfecto. El F-35 arrastra un historial de problemas de mantenimiento, software y disponibilidad operativa que ha reducido su tasa de misiones listas en algunas flotas por debajo del 50% en ciertos periodos, según informes del Pentágono. Su motor monorreactor es también un punto de vulnerabilidad: un fallo de propulsión en combate no tiene segunda oportunidad.

El KAAN, por su lado, enfrenta el reto de todo programa nacional ambicioso: la brecha entre el prototipo volador y un avión de combate maduro, integrado, con software de fusión de sensores probado en operaciones reales, puede medirse en décadas y en miles de millones de dólares adicionales. Turquía aún depende de motores extranjeros para sus primeras unidades, y el desarrollo del propulsor nacional TF-6000 —imprescindible para la plena autonomía del programa— sigue su propio calendario de riesgos.

Un duelo que no tiene árbitro

Declarar un ganador entre el F-35 y el KAAN es, hoy por hoy, una trampa. Son aviones diseñados para doctrinas distintas, fabricados en contextos geopolíticos distintos y destinados a operadores con necesidades distintas. Un país de la OTAN integrado en redes C2 —mando y control— aliadas obtendrá del F-35 una capacidad multiplicadora que ningún otro caza occidental puede igualar. Un país que busque independencia operativa, capacidad de combate aéreo ofensivo y no quiera pagar el peaje político de Washington encontrará en el KAAN una alternativa con credenciales propias. Eso sí, es un programa en maduración, todavía no se ha enfrentado a situaciones de combate y las horas de vuelo no son comparables a las de los cazas de Estados Unidos.

La respuesta real no depende de cuál avión vuela más rápido o lleva más misiles. Depende de con quién vuela, contra quién vuela y, sobre todo, de cuánto puede pagar para mantenerlo en el aire. Esa ecuación la resuelve cada ejército en su propio despacho de presupuestos, no en las especificaciones técnicas de un folleto. España está en la encrucijada, pagar millones -y el peaje político- para adquirir el F-35 o desmarcarse de sus aliados de la OTAN y apostar por el todavía joven caza turco.

https://www.vozpopuli.com/defensa/f-35-contra-kaan-el-duelo-entre-el-caza-invisible-de-occidente-y-el-coloso-turco-que-quiere-redefinir-la-quinta-generacion.html

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