lunes, 30 de marzo de 2020

Desde bombas de racimo a residuos tóxicos


Fuentes: Mint Press News


Traducido del inglés para Rebelión por Sinfo Fernández


Foto: Explosivos sin detonar recogidos en el Yemen por el Proyecto YEMAC del Fondo para el Desarrollo de las Naciones Unidas (Foto: cortesía YEMAC)

A medida que el mundo se centra en la pandemia del COVID-19, que sigue extendiéndose a toda velocidad, los yemeníes van siendo conscientes de su creciente tragedia al tener también que enfrentarse a los miles de bombas de racimo, minas terrestres y otras municiones que ensucian por doquier su tierra natal. Justo ayer, un niño murió y otro resultó herido en el distrito de al-Ghail, en al-Jawf, al explotar una mina terrestre arrojada allí por el ejército saudí, según declararon varios testigos a MintPress. Indignado y aterrorizado por la presencia de estos artefactos explosivos sin detonar, Ahmed Sharif, padre de nueve hijos que posee una granja en el distrito, calificó a los artefactos explosivos sin detonar de “grave amenaza para nuestros hijos”.

A principios de semana, miles de bombas de racimo que contenían entre docenas y cientos de submuniciones más pequeñas fueron lanzadas por el aire y dispersadas indiscriminadamente en grandes áreas cerca de la granja de Ahmed. Una gran cantidad de esas municiones no explotaron al impactar, creando una nueva amenaza para los residentes que ya empezaban a recuperarse de cinco años de guerra, hambruna y bloqueo económico. El uso, la producción, la venta y la transferencia de municiones en racimo están prohibidas en virtud de la Convención sobre Municiones en Racimo de 2008, un acuerdo internacional reconocido por más de 100 países, pero rechazado por Arabia Saudí y Estados Unidos.

Se ha estimado que Arabia Saudí ha arrojado miles de toneladas de armamento made in USA en la zona de al-Jawf en los últimos 100 días. Al-Jawf es una provincia rica en petróleo que se encuentra en el extremo norte-central del Yemen a lo largo de la frontera con Arabia Saudí. Es probable que la campaña aérea sea un último esfuerzo para contener la exitosa marea en el campo de batalla de los combatientes voluntarios locales que se unieron a las fuerzas hutíes para recuperar grandes franjas de las provincias de al-Jawf y Marib. Esa campaña aérea, a todos los efectos, ha sido un fracaso.
Recuperación de una bomba que no llegó a explotar lanzada por un avión de combate saudí sobre un huerto de granados en el distrito de Yamilah en Sadaa. Cortesía: YEMAC



Los hutíes anunciaron el miércoles que su operación militar, denominada “Dios los venció”, se había completado y que al-Jawf estaba libre de la ocupación saudí. Según fuentes hutíes, más de 1.200 combatientes de la coalición liderada por Arabia Saudí acabaron muertos o heridos durante la operación y decenas de tropas saudíes, incluidos oficiales, fueron capturadas. Los hutíes penetraron también profundamente en territorio saudí en represalia por los más de 250 ataques aéreos saudíes lanzados durante la campaña. Según las autoridades, se usaron misiles balísticos y drones en múltiples operaciones para atacar instalaciones dentro de Arabia Saudí.

Las pérdidas saudíes tampoco se han limitado a al-Jawf. La semana pasada la provincia de Marib, colindante con la capital del Yemen, Sana’a, fue recuperada después de intensas batallas con las fuerzas saudíes. Los combatientes tribales locales pudieron despejar áreas estratégicas en el distrito de Sirwah con la ayuda de las fuerzas hutíes y tomar el control de la ciudad de Tabab Al-Bara y de las colinas estratégicas de Tala Hamra que dominan la ciudad de Marib. Tanto la coalición liderada por Arabia Saudí como sus militantes aliados admitieron inicialmente la derrota, pero luego tildaron su pérdida de retirada táctica.

Marib es ahora el segundo gobernorado yemení adyacente a Arabia Saudí que cae bajo el control de las fuerzas de la resistencia del Yemen durante el pasado mes, siendo al-Jawf el primero. Ambas provincias tienen una importancia estratégica para Arabia Saudí y podrían servir como punto de lanzamiento potencial para las operaciones en la provincia de Najran, en territorio saudí.

“Arabia Saudí y Estados Unidos han sembrado de muerte nuestra tierra”

Las áreas urbanas muy pobladas de Sana’a, Sadaa, Hodeida, Hajjah, Marib y al-Jawf han sido objeto de campañas de bombardeo injustificables a lo largo la guerra liderada por Arabia Saudí contra Yemen, una guerra que el 26 de marzo ha cumplido cinco años. La campaña, con cientos de ataques aéreos separados que se lanzan cada día, junto con su naturaleza indiscriminada, han convertido al Yemen en uno de los países más contaminados del mundo.

Desde 2015, fecha en que comenzó la guerra, los aviones de combate de la coalición han llevado a cabo más de 250.000 ataques aéreos sobre el Yemen, según el ejército yemení. El 70% por ciento de esos ataques aéreos ha alcanzado objetivos civiles. Miles de toneladas de armamento, suministrado en muy gran medida por Estados Unidos, se han arrojado sobre hospitales, escuelas, mercados, mezquitas, granjas, fábricas, puentes y plantas de tratamiento de agua y electricidad, dejando munición sin detonar dispersa por zonas densamente pobladas.
Un grupo de niños del distrito de Sahar curiosea una bomba de racimo arrojada por un avión de combate saudí en una granja de Saada, 18 de marzo de 2019. Foto: Abdullah Azzi/MintPressNews

Una proporción significativa de esa munición sigue incrustada en el suelo o entre los escombros de los edificios bombardeados, lo que representa una amenaza tanto para los civiles como para el medio ambiente. Como dice Man’e Abu Rasein, un padre que perdió dos hijos por una bomba de racimo sin explotar en agosto de 2018: “Arabia Saudí [y Estados Unidos] han sembrado de muerte nuestra tierra”. Los hijos de Abu Rasein, Rashid, de diez años, y Hussein, de ocho, cuidaban del rebaño de ovejas de su familia en la aldea de al-Ghol, al norte de Sadaa, lejos de cualquier campo de batalla. Descubrieron un objeto de aspecto inusual y, como la mayoría de los niños curiosos, lo cogieron para investigar. Pero el objeto que encontraron no era ningún juguete sino una munición de racimo lanzada por un avión de combate saudí que no había explotado. Al escuchar la explosión, la familia de los niños corrió a ver qué sucedía y se los encontraron cubiertos de sangre, muertos.

Desde marzo de 2015 Human Rights Watch ha registrado más de 15 incidentes relacionados con seis tipos diferentes de municiones en racimo en al menos cinco de las 21 provincias del Yemen. De acuerdo con el Proyecto de Acción Urgente contra las Minas del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, se ha informado que la contaminación más fuerte de minas y ERW (siglas en inglés de restos explosivos de guerra) se halla en las provincias del norte que bordean Arabia Saudí, en las provincias costeras del sur y en los gobernorados del centro-oeste, todas ellas zonas que se encuentran alrededor de las regiones del Yemen controladas por los hutíes. Solo desde 2018, el PNUD ha limpiado casi 9.000 minas terrestres y más de 116.000 restos explosivos en el Yemen.

Desde la guerra yemení de 1994 hasta las seis guerras en Sadaa, los yemeníes han sufrido varios conflictos en las últimas tres décadas. Sin embargo, gracias a la saturación de armas estadounidenses, la guerra en curso ha traído la muerte a un nivel nunca visto en Yemen durante cientos de años. En Sadaa, la coalición saudí tiene un importante legado de municiones sin explotar, hasta un millón, según las cifras proporcionadas a MintPress por el Yemeni Executive Mine Action Center (YEMAC), una organización que cuenta con el apoyo de las Naciones Unidas.

El gerente de proyecto del YEMAC identificó una intensa contaminación por municiones en racimo en los gobernorados de Saada, al-Jawf, Amran, Hodeida, Mawit y Sanaa, incluida la ciudad de Sanaa. También se informó de la existencia de contaminación en Marib. Por el momento, el YEMAC es la única organización que trabaja en todo el país durante la guerra en curso. Sus equipos se enfrentan a una situación muy compleja al tener que deshacerse de las municiones convencionales y bombas lanzadas desde los aviones, incluidos restos explosivos de cohetes de guerra, proyectiles de artillería, morteros, bombas, granadas de mano, minas terrestres, bombas de racimo y otras submuniciones y explosivos similares.

El legado tóxico de Arabia Saudí

Además de matar y herir a cientos de civiles, las armas de fabricación estadounidense han expuesto al pueblo del Yemen a sustancias altamente tóxicas en un nivel no visto desde el infame uso de uranio empobrecido radiactivo por parte de Estados Unidos en Faluya, Iraq, que hasta el día de hoy está causando tasas anormalmente altas de cáncer y malformaciones congénitas.

Los peligrosos productos químicos de los desechos militares de la coalición saudí, incluidos materiales radiactivos, combustibles hidrocarbúricos y metalespesados, ya han provocado brotes de diversas enfermedades. Los vehículos abandonados en los campos de batalla, por lo general en diversos estadios de destrucción, contienen sustancias tóxicas que incluyen PCB, CFC, residuos de uranio empobrecido, metales pesados, municiones sin explotar, asbesto y aceites minerales. Cientos de estos desechos militares siguen estando desperdigados al alcance de cualquiera en Nihm, al-Jawf, Serwah, Marib y en todo el Yemen.

Además de la amenaza que representan para la vida y las extremidades, la munición sin detonar contiene sustancias tóxicas como RDX, TNT y metales pesados que liberan niveles significativos de sustancias tóxicas en el aire, el suelo y el agua. De acuerdo con el Ministerio de Agua y Medio Ambiente y el Ministerio de Salud, que han realizado evaluaciones ambientales sobre el impacto de los bombardeos urbanos, ya hay altos niveles de desechos peligrosos y contaminantes del aire en zonas pobladas.



Una niña herida por una bomba de racimo arrojada por un avión de combate saudí cerca de la frontera entre Yemen y Arabia Saudí el 18 de marzo de 2020. Foto: YEMAC


Junto con cantidades aún desconocidas de residuos de armas más convencionales, se ha averiguado que los desechos de la limpieza de edificios bombardeados están especialmente contaminados con materiales peligrosos, incluido el asbesto, que se usa en aplicaciones militares para aislamiento acústico, protección contra incendios y cableado, entre otras cosas. Los incendios y el humo pesado que se propagan sobre áreas civiles muy pobladas tras los bombardeos saudíes representan asimismo una amenaza inminente para la salud humana. Se está captando una visión común en muchas ciudades yemeníes desde que comenzó la guerra de gruesas nubes de humo tóxico que a veces permanecen durante días y cubren las superficies y los pulmones de las personas con toxinas peligrosas como HAP, dioxinas y furanos, materiales que se ha demostrado causan cáncer, problemas hepáticos y malformaciones congénitas.

Antes de que comenzara la guerra, la mayoría de los materiales peligrosos fueron transportados en camiones a Sanaa, donde se separaron y eliminaron adecuadamente en la extensa planta de tratamiento de al-Azragein, al sur de la capital. Pero esa planta fue uno de los primeros objetivos destruidos por los ataques aéreos saudíes una vez que comenzó la guerra. Después de bombardearla, los charcos y montones de material tóxico se mezclaron con agua de lluvia y se filtraron en las áreas circundantes. Los investigadores yemeníes están aún indagando la escala de contaminación de los químicos biopeligrosos que se encuentran en ese lugar.

Aunque aún no se ha completado una evaluación ambiental integral a nivel nacional del impacto de los bombardeos urbanos en el Yemen, muchos hospitales y agencias ambientales han registrado altos niveles de desechos peligrosos y contaminantes en el aire. También puede obtenerse una idea de los efectos a largo plazo por los estudios realizados en áreas donde se han utilizado toxinas similares, sobre todo por las acciones de Estados Unidos en Faluya, Iraq y Vietnam, donde las evaluaciones científicas han demostrado un aumento en los casos de defectos congénitos, cáncer y otras enfermedades, que ha afectado también a los veteranos estadounidenses.

En el sur del Yemen, donde Arabia Saudí y los Emiratos Árabes Unidos actúan en gran medida sin oposición, la coalición ha estado eliminando los desechos militares en grandes trincheras sin adoptar medida alguna para mitigar las posibles consecuencias tóxicas. Los desechos se vierten en grandes agujeros y se detonan o simplemente se entierran, contaminando inevitablemente el suelo y las aguas subterráneas según los datos del Programa de Medio Ambiente de la ONU.

La costa yemení tampoco se ha salvado. La Autoridad General para la Protección del Medio Ambiente del país declaró el miércoles que la coalición liderada por Arabia Saudí está arrojando desechos tóxicos y contaminados en las costas y aguas regionales del Yemen, causando grandes daños al medio marino, muerte de peces y organismos marinos, y haciendo que en algunas ocasiones el color del mar cambie realmente de azul a verde tóxico. La agencia declaró que, además de arrojar desechos tóxicos, la coalición permitía prácticas pesqueras inseguras como el dragado marino y la pesca con explosivos por parte de barcos extranjeros que destruyen el medio marino y los arrecifes de coral.

Cien años aún para poder sentirse a salvo

Miles de yemeníes desplazados no pueden ni pensar en regresar a casa debido a la gran cantidad de explosivos potencialmente ocultos en y alrededor de sus hogares. Para poder eliminarlos todos sería necesario que acabaran tanto la guerra como el bloqueo económico respaldados por Estados Unidos. Habría que llevar equipos especiales y máquinas blindadas, como excavadoras blindadas, una perspectiva incierta en un país que no puede asegurar siquiera las etapas vitales.
Restos de una bomba de racimo arrojada por los aviones de combate de la coalición liderada por Arabia Saudí en el interior de una casa yemení. 18 de marzo de 2020 (Foto: Abdullah Azzi/MintPress News)

Los restos de explosivos no solo arrancan vidas y extremidades, también impiden que se utilicen tierras agrícolas potencialmente productivas y se reconstruya infraestructura importante. Al igual que muchas zonas fronterizas en Saada y Hajjah, el suelo fértil en al-Jawf y Marib se ha contaminado tanto desde el comienzo de la guerra que podría necesitar décadas para recuperarse. Los restos explosivos impiden también el acceso a recursos vitales como el agua y la leña, paralizan el movimiento de los residentes, incluidos los niños que van a la escuela, e impiden que la ayuda llegue a los necesitados.

Aunque la coalición liderada por Arabia Saudí detuviera la guerra de inmediato y levantara el bloqueo, su legado de bombardeos indiscriminados a una escala tan masiva seguirá sufriéndose en los próximos años. Debido a la intensidad de los bombardeos, los expertos del Centro Ejecutivo de Acción contra las Minas de Yemen del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo estiman que la recuperación podría llevar al menos 100 años en las ciudades más grandes. A pesar de estos peligros, las familias desesperadas que no tienen a dónde ir no desperdician un respiro en el aluvión de ataques aéreos saudíes o un alto el fuego de corta duración para intentar volver a casa.

Ahmed Abdul Kareem es un periodista yemení. Cubre la guerra del Yemen para Mint Press News, así como para otros medios locales del país.


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