viernes, 11 de octubre de 2019

Los F-35 sí estaban en la agenda secreta ‎de Pompeo en Roma




La venta de los aviones de guerra F-35 era finalmente parte de la agenda del viaje del ‎secretario de Estado Mike Pompeo a Italia, aunque oficialmente se dijo lo contrario. ‎En cuanto a su visita al Vaticano, oficialmente centrada sólo en “temas teológicos”, ‎en realidad buscó movilizar a la Santa Sede en contra de China, Cuba, Irán y Siria. ‎

El secretario de Estado Mike Pompeo participó en un simposio del Vaticano, donde habló sobre ‎‎“La dignidad humana y la fe en las sociedades libres”. ‎

El avión de guerra furtivo estadounidense F-35, supuestamente invisible para los radares, es en ‎todo caso invisible para la política. No aparece en ninguno de los comunicados oficiales sobre los ‎encuentros que el secretario de Estado estadounidense Mike Pompeo sostuvo con los dirigentes ‎de Italia durante su estancia en Roma. ‎

Sin embargo, el Corriere della Sera revela que Pompeo solicitó a Italia que acabe de completar ‎el pago de los F-35 ya adquiridos y que dé curso a una nueva compra y el primer ministro ‎italiano Giuseppe Conte ya le garantizó que «nos mantendremos fieles a nuestros pactos». ‎

Italia ha comprado hasta ahora 14 aviones de combate F-35 a la firma estadounidense ‎Lockheed Martin. Trece de esos aparatos, ya entregados, están «completamente financiados», ‎precisión mencionada el 3 de junio pasado, ante el Senado, por la entonces ministro de Defensa ‎Elisabetta Trenta (del Movimiento 5 Estrellas), quien anunció además nuevas compras que ‎elevarán a 28 la cantidad de esos aviones estadounidenses que Italia debe adquirir de aquí al año 2022. Pero Italia ‎se ha comprometido a comprar en total 90 aviones F-35, lo cual eleva el total estimado de esas ‎compras a 14 000 millones de euros. ‎

A ese gasto hay que agregar lo que costará la actualización constante de los programas ‎informáticos que el F-35 necesita para operar, programas cuya exclusividad queda en manos de la firma estadounidense ‎Lockheed Martin. Sólo para las 14 unidades ya compradas, esas actualizaciones ya cuestan ‎a Italia 500 millones de euros. Sin embargo, Italia no es sólo comprador sino también ‎fabricante del F-35, como socio de segundo nivel. La firma italiana Leonardo (antiguamente ‎Finmeccanica), que es la mayor industria militar italiana –con el ministerio de Economía como ‎accionista principal (30% de las acciones)– está a cargo de la línea de ensamblaje y ensayo de los ‎‎F-35 en la instalación de Faco di Cameri (Piemonte), de donde provienen los aparatos destinados ‎a Italia y a los Países Bajos. ‎

La empresa italiana Leonardo también fabrica las alas de los F-35 que se ensamblan en ‎Estados Unidos y las hace con materiales producidos en las instalaciones de las localidades ‎italianas de Foggia, Nola y Venegono. El gobierno de Estados Unidos seleccionó el complejo de ‎Cameri (también en Italia) como centro regional para el mantenimiento y la actualización del ‎fuselaje en Europa. ‎

En la fábrica de Faco trabaja un millar de personas, muchas de ellas –la sexta parte del total– con ‎empleos precarios. Los gastos de instalación de esa fábrica y la compra de los F-35 están muy ‎por encima de los montos de los contratos estipulados por las empresas italianas para la ‎producción del F-35. Y no debemos olvidar que, mientras que las ganancias van integralmente a ‎las empresas privadas, los gastos salen de los fondos públicos, lo cual eleva aún más los gastos ‎de Italia en el sector militar, que ya alcanzan los 70 millones de euros al día.‎

Sin embargo, en sus encuentros con el presidente italiano Sergio Mattarella y con el primer ‎ministro Giuseppe Conte, el secretario de Estado Mike Pompeo subrayó la necesidad de que Italia ‎y otros países europeos «incrementen sus inversiones en la defensa colectiva de la OTAN». ‎Por cierto, en los encuentros realizados bajo la mayor discreción, Pompeo no hizo esa ‎observación de forma diplomática sino en tono perentorio. O sea, mientras que el Departamento ‎de Estado elogia a Italia porque «acoge más de 30 000 militares y asalariados del Pentágono en ‎‎5 grandes bases y en más de 50 instalaciones secundarias», Mike Pompeo solicitó en los ‎encuentros reservados poder instalar en suelo italiano más bases militares, quizás a cambio de ‎alguna reducción de los gravámenes estadounidenses al queso parmesano italiano. ‎

Además, en la agenda secreta de Pompeo estaba también la organización de la próxima llegada a ‎Italia de las nuevas bombas nucleares estadounidenses B61-12, que reemplazarán las actuales ‎‎B-61. ‎

Las nuevas bombas nucleares estadounidenses B61-12 están concebidas específicamente para ‎los aviones de guerra F-35A y 6 de esos aviones, pertenecientes a la fuerza aérea italiana, ya ‎recibieron en octubre el visto bueno de la OTAN que certifica que son complemente operativos. ‎

Durante su estancia en Roma, Pompeo no se ocupó sólo de cuestiones terrenales, como el avión ‎de guerra F-35 y el queso parmesano. Durante un simposio realizado en el Vaticano, Pompeo ‎habló sobre La dignidad humana y la fe en las sociedades libres [1].‎

Pompeo afirmó en ese simposio que «Estados Unidos llegó un poco después que San Pedro, pero ‎siempre ha protegido la libertad religiosa» y, con ella, la «dignidad humana». Seguidamente ‎acusó a China, Cuba, Irán y Siria de reprimir esa libertad. Eso dijo, bajo un enorme crucifijo este ‎santo hombre que, cuando fue nominado como director de la CIA, declaró al Congreso de ‎Estados Unidos su intención de estudiar el regreso al waterboarding (un tipo de simulacro de ‎ahogamiento) y a otros métodos de «interrogatorio fuerte», expresión utilizada para evitar decir la ‎palabra tortura. ‎

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